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domingo, 14 de abril de 2013

Las misiones pedagógicas

Debido a la mala situación educativa de España en comparación con otros países europeos, a la alta tasa de analfabetismo -en torno al 44%- localizada principalmente en el ámbito rural, y a la voluntad del Gobierno de la Segunda República por mejorar esta situación, se crean y desarrollan las llamadas "Misiones pedagógicas". Siendo Presidente Niceto Alcalá-Zamora y Ministro de Instrucción Pública Marcelino Domingo, el 29 de mayo de 1931, se creó por Decreto el Patronato de Misiones Pedagógicas con el encargo de «difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural».


Dependía del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y estaba dirigido por una Comisión Central, cuya sede se encontraba en el Museo Pedagógico. Este Museo, que había comenzado a funcionar en 1884 como centro de investigación muy vinculado -tanto por sus colaboradores como por su tarea- con la Institución Libre de Enseñanza, se convirtió en pieza fundamental del proceso de renovación de la Enseñanza Pública que culminaría en los años de la Segunda República. Ya en 1881 Francisco Giner había propuesto una serie de medidas para la reforma de la institución pública que incluían la idea de las Misiones. En ellas Giner sugería la creación de unas Misiones Ambulantes que incluían los servicios que luego ofrecerían las Misiones Pedagógicas: el servicio de biblioteca, el museo del pueblo, el cine, el coro y el teatro del pueblo, con su sección de música y su retablo de fantoches.

Entre los días 17 y 25 de diciembre de 1931 se realizó la primera de esas Misiones Pedagógicas en la localidad segoviana de Ayllón.

El Patronato de las Misiones Pedagógicas fue presidido inicialmente por Manuel Bartolomé Cossío y la Comisión Central estaba formada, entre otros, por el Director del Museo Pedagógico (que actuaba como Vicepresidente) Rodolfo Llopis, Marcelino Pascua, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Óscar Esplá, Ángel Llorca y Luis Álvarez Santullano (que ejercía de Secretario).

Los verdaderos protagonistas de estas misiones fueron los habitantes de los pueblos y aldeas donde llegaron, además de los que colaboraron en ellas como maestros, actores, escritores, figurinistas, pintores, etc. Entre ellos, destacó como director del grupo de teatro de las Misiones el dramaturgo Alejandro Casona.
Fuente: Wikipedia




jueves, 29 de octubre de 2009

aprendizaje creativo



El video completo lo tienes aquí:
http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=21277632

jueves, 9 de abril de 2009

creatividad

CREATIVIDAD EN LA EDUCACIÓN: EDUCAR PARA TRANSFORMAR
Julián Betancourt Morejón

Educar en la creatividad es educar para el cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza, amantes de los riesgos y listas para afrontar los obstáculos y problemas que se les van presentando en su vida escolar y cotidiana. Además de ofrecerles herramienta para la innovación.No podemos hablar de una educación creativa sin mencionar la importancia de una atmósfera creativa que propicie el pensar reflexivo y creativo en clase.Creatividad es el potencial humano integrado por componentes cognoscitivos, afectivos, intelectuales y volitivos, que a través de una atmósfera creativa se pone de manifiesto para generar productos novedosos y de gran valor social y comunicarlos transcendiendo en determinados momentos el contexto histórico social en el que se vive.Educar en la creatividad implica el amor por el cambio.Ser capaces de enfrentarse con lo nuevo y darle respuesta.No temer el cambio, sino sentirse a gusto y disfrutar con él.Una educación creativa es una educación desarrolladora y autorrealizadora. En la cual no solamente resulta valioso el aprendizaje de nuevas habilidades y estrategias de trabajo, sino también el desaprendizaje de una serie de actitudes.Educar en creatividad:Aprender a tolerar la ambigüedad e incertidumbre.Favorecer la voluntad para superar obstáculos y perseverar.Desarrollar la confianza en sí mismo y en sus convicciones. No solo en las notas sino en otros indicadores: la apertura mental, la originalidad, el asumir riesgos, plantearse preguntas...Propiciar una cultura de trabajo para el desarrollo de un pensamiento creativo y reflexivo.Invitar al alumno a trascender el presente con un proyecto de futuro. La anticipación del profesor se relaciona con el disfrute por el proceso de enseñar más que por los resultados que pueda obtener.Aprender a confiar en lo potencial y no sólo en lo real.Vencer el temor al ridículo ya cometer errores.Los alumnos deben tomar poco a poco la responsabilidad de su propio aprendizaje.“Vivan los riesgos que nos permiten ver las nuevas aristas del conocimiento. Incitar al alumno a dar una respuesta no convencional en una prueba.La autoridad para validar el conocimiento debe partir de un proceso social, dialógico y cooperativo.Cuando se propicia un clima creativo, la motivación intrínseca y la de logro deben estar presentes.Es necesaria la contextualización del conocimiento y las habilidades de pensamiento crítico y creativo.Lo que se requiere es un alumno imaginativo y cuestionador de las verdades que aparecen a través de la voz del maestro o de los libros de texto y un constructor de puentes imaginarios para que transiten las ideas invisibles para la mayoría y en un momento determinado se hagan visibles; que analice las experiencias y conocimientos de la realidad y los sistematice a través de su pensamiento crítico y creativo, con la cooperación de un educador con profundos conocimientos de grupo y de mediación.14. Es necesario favorecer que el alumno busque fuentes alternativas de lectura a las oficialmente sugeridas y dejar un espacio de conocimiento a aportar por éste durante la clase.15. Es más útil que el alumno obtenga una pequeña parcela del conocimiento que una gran cantidad pero de manera superficial, y que discuta el significado de los mismos y descubra los sentidos que pueden tener de acuerdo a su historia y cultura.16. Pensar de forma creativa y reflexiva por parte del alumno puede darse rara vez de forma verbal del maestro hacia los alumnos. Es decir, una persona no puede dar de forma inmediata a otra lo aprendido, ya que el reflejo de la realidad en el ser humano es mediado; pero sí, en cambio, puede crear una atmósfera creativa que favorezca las condiciones óptimas para que el alumno aprenda por sí mismo a pensar de estas maneras.17. Convertir las aulas en espacios para asombrarnos, experimentar e investigar. Uno de los recursos más importantes y al alcance del educador es la capacidad de asombrarse ante cada comentario reflexivo o creativo de sus alumnos. Para lograr lo anterior él propicia un conocimiento lleno de sorpresas y situaciones inesperadas. Es decir, lleva a los alumnos a disfrutar de lo inesperado y lo incorpora dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje que está ocurriendo.18.Los estudiantes necesitan tratarse como personas, es decir, tener una buena comunicación cuando están creando o pensando. Además, necesitan aprender a retroalimentarse a sí mismos y a los otros durante un proceso creativo o crítico. Los maestros deben modelar actitudes comunicativas para lo anterior.19. El cuestionamiento es un excelente indicador de que se está trabajando el pensamiento creativo y crítico. Se parte de considerar que los alumnos que formulan preguntas que invitan a pensar e imaginar están aprendiendo. Los maestros tienen a la pregunta como una de sus estrategias fundamentales.20. Construcción de las habilidades de pensamiento creativo y crítico a trabajar en dos planos:: uno fuera de él (interpsíquico) y el otro dentro de él (intrapsíquico).21. Matrimonio entre los conceptos cotidianos que trae el alumno acerca de la habilidad de pensamiento creativo o crítico, a trabajar con los científicos acerca de la misma. De esta manera los conceptos científicos se enriquecen de la vida cotidiana de los estudiantes que transcienden las paredes del aula y a su vez los cotidianos encuentran una lectura más sistematizada, objetiva y abstracta sobre la realidad por medio de los científicos. De esta forma tendremos un aprendizaje más rico de sentidos y significados.22. Unidad de lo cognoscitivo y lo afectivo en cada sesión de atmósferas creativas. Cuando se está trabajando el pensamiento creativo y reflexivo se parte siempre de que la actividad lúdica que se esté realizando va a movilizar los recursos afectivos e intelectuales de la persona que esté ejercitando en ese momento la misma. Además, es importante crear un clima donde se dé un matrimonio entre los afectos y el intelecto, así como también buscar un equilibrio entre lo afectivo e intelectual, para lograr un espacio dinámico y motivante para el buen pensar y crear.A manera de conclusión pudiéramos señalar lo siguiente:Educar en la creatividad debe orientarse al desarrollo personal y mejora profesional de la práctica educativa de todos los implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, dentro de un contexto histórico social dirigido a la integración educativa, partiendo del criterio de que la creatividad nos permite tener una actitud flexible y transformadora que propone romper las murallas o barreras para edificar la nueva escuela del futuro, cuyos principales apellidos sean: integrada, solidaria, respetuosa, reflexiva, divergente, desarrolladora, abierta y consistente con las necesidades de todos los alumnos.Todo lo anteriormente expresado conlleva una educación en la creatividad que propicie un sistema de actividades y comunicación donde el pensamiento reflexivo y el creativo se desarrollen a la par de una actitud coherente. Cada alumno que egrese de una escuela formado con esta visión deseará que en los lugares donde llegue se manifieste el pensar, crear, sentir, comunicar y compartir por respeto a sí mismo y a sus semejantes.

domingo, 28 de octubre de 2007

La inutilidad del arte

La inconsistencia de la obra artística como valor de hecho se hace patente desde el instante en que despega de las manos del creador, quien se aproxima a su engendro con recelo y a sabiendas de que no será más que pura materia para la contemplación. El sentido que pueda tener su obra, viene dado únicamente por el observador y determinado por su buen o mal juicio. Es, pues, aventurado, adentrarse en el enigmático mundo de la valía de la obra artística per se.
Del inmenso piélago de creaciones, venimos a descubrir aquellas que más se acercan a nuestra visión de la vida y del universo, de las cosas, al paradigma de conocimiento que nos ha sido revelado desde nuestra llegada al mundo.

Cuando Paul Auster, el espigado autor americano, ahonda en la nulidad del arte desde el punto de vista práctico, asume que esa nulidad, o mejor inutilidad, es lo que le da el valor que se le atribuye. Al igual que Ionesco, quien afirmaba que “el teatro es inútil, pero su inutilidad es indispensable”. En su no ser, el arte llega a ser. Porque más que un mero producto elaborado, existe una evolución, proceso creativo, que es quien otorga al arte su sentido. Este proceso alcanza más allá de la profesión de artista, valga el contrasentido; sin embargo, las otras empresas que ocupan al ser humano no precisan orientar la atención a ese hacer, por cuanto hallamos significado tanto en el desarrollo del producto como en su posterior explotación.

El arte, inútil en su aspecto práctico, cobra todo el interés en ese proceso en que el creador se enfrenta consigo mismo en una espiral de imposibles, aceptando el insomnio y la locura para entretener su mente en una busca sin retorno. Al límite de las emociones, va abriendo brechas en el oscuro túnel de lo incierto, como el náufrago o el preso que no cesan en explorar el lugar recóndito por donde escapar de su yugo. Espejos cóncavos lo atrapan y entretienen mientras navega por sus desvelos con el único propósito de encontrar una rendija donde alcanzar un nuevo posible, en términos del italiano Héctor Fiorini.

Auster profundiza en esta idea observando que, precisamente, el acto creativo es lo que nos identifica como seres humanos. Es la esencia del ser. La creatividad, en su aspecto más lúdico y placentero, ahuyenta todos los males que aquejan a la especie humana, y que emergen con más fiereza aprovechando los destierros que nos concede esta era de las comunicaciones. Porque más allá de la individualidad, el grupo también enferma, del mismo modo, por ausencia de ideas, de creaciones. Permanece en un inmovilismo no solamente asumido, sino venerado hasta el punto de no admitir innovación alguna. Persiste, resiste, en una rutina admitida y custodiada con especial cuidado, permitiendo la parálisis en formas propias de épocas pasadas, despreciando cuantos recursos se le regalan, por miedo unas veces y para asegurar su pretendida supervivencia otras. De este modo, se contribuye a esa inmanencia en formas ancestrales. Se rechaza cualquier propuesta innovadora por considerarla peligrosa, cuando el verdadero peligro está en el propio grupo incapaz de asumir sus carencias y expandirse mediante la obra creativa, la iniciativa.

El arte, como proceso, adquiere uno de sus valores más preciados: se convierte en terapia. La creatividad nos da la posibilidad de sentirnos únicos desde la unicidad de nuestra obra; su negación nos mantiene sumisos a cuanto acontece; o lo que es lo mismo, enfermos. En su sentido catártico la obra de arte nos suscita un sentimiento de purificación y liberación.

Insiste el escritor americano en que esta necesidad de hacer, de crear, es un impulso humano fundamental. A decir verdad, así es y así nos lo muestra la pléyade de inventos que cada día nos inunda. Pero si observamos a las personas en su inmovilismo social, al grupo en su rigidez atávica, nos surgen importantes dudas. Entonces, decía Gandhi, “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.

jueves, 11 de octubre de 2007

otra escuela

La escuela es lugar de encuentro.
La mañana transcurre en la algarabía de los niños que acuden a sus aulas, mochila al hombro. Bullen los muros del nuevo edificio con esta alegría de los que aseguran el futuro de nuestros pueblos.
Al mediodía se hace un silencio tenue. Apenas algún tren, que corta el pueblo por su columna vertebral, rompe el tránsito callado de la siesta.
El sol está en lo más alto y comienzan a abrirse algunas puertas. Fluyen por las calles buscando la sombra, unas en soledad, otras se han citado en el quiosco, las alumnas del aula de adultos. En la calle que va a la carretera general se encuentran: ¿Qué estás leyendo?, ¿Ha venido tu hijo?, ¿Cómo está tu hermana?. Las conversaciones se entrecruzan en un orden caótico en un caos ordenado. Hablan, sonríen, se animan, viven. Porque han aprendido a vivir, “carpe diem”, porque se han descubierto a sí mismas y han descubierto el grupo como elemento integrador y de terapia.
Apenas una carpeta con las fichas, un lápiz y un bolígrafo, casi siempre de propaganda. Y mucha, mucha ilusión, la pasión por aprender, la suerte de estar en la edad adecuada para enseñar. Porque, no nos engañemos, la escuela no enseña, enseña la vida. Y hay que enredar la escuela y la vida en un todo. Tenemos que llevar la vida a la escuela y la escuela a la vida si realmente pretendemos otra escuela y otro mundo. Y lo demás son parcheos, falsos espejos que devuelven a la sociedad sus propias carencias.
La puerta siempre abierta, puerta negra que parece estar en un rincón del tiempo, acompasando en su abrir y cerrar a tantas generaciones de maestros y alumnos. Chirría y, cualquiera que no lo conozca, sabe que tras ella se perderá entre un pasillo que se abre a un lado y una escalera al otro. Al aula se accede dejando a un lado el mural que dibujó Moisés, donde el loco-cuerdo Don Quijote cabalga junto a su compañero Sancho por las mismas calles del pueblo. Se funden la historia y los libros, la tierra y los tiempos.
Aún permanecen las tres carabelas que anunciaban la última exposición del “Día del libro”, aquel que dedicamos a “La mar de libros”. Cuando el aula respiraba tanto color que entrar en él era como entrar en un gran escenario donde uno se convierte, al mismo tiempo, en actor y espectador. Todos enseñamos, todos aprendemos.
Espacio acogedor hasta tal punto que quien viene no quiere irse. Las horas pasan deprisa, no hay forma de atraparlas. Quienes cruzan el umbral quisieran permanecer aquí hasta la media noche y aún más. Por eso, para vivir esa experiencia única del encuentro, de la complicidad, viene Julio, con su enamoramiento de las palabras; Ino, entre la pasión por el mudéjar y el pringue de los huesillos que nos regala; José María, siempre entre versos; María Victoria entre lecturas y Sara reconstruyendo paisajes en la otra parte del planeta. Alfonso y sus historias fantásticas y de las otras; Pascual y su “mare nostrum”, Lanau y sus mágicas recetas traídas de La Mancha, José Carlos y sus descubrimientos, Javier y su carisma para cautivar con la palabra, Alicia desde el otro lado de la calle y Basilio desde Suiza, Clemen desde Fontiveros, y tantos y tantos otros que nos visitaron y siempre volvieron.
Palabras, colores, sonidos, sensaciones de ida y vuelta. Cada día una aventura que nos apresa, desentrañando los misterios de la vida, del grupo, de la escuela en estado puro. Sin calificaciones, sin descalificaciones, sin cosméticos, sin organigramas, sin intereses a plazo fijo ni variable, sin medianías. La escuela que emociona, que mueve y conmueve. ¡Cómo se extrañó – entrañó- el tribunal de oposición al oírlo! La escuela de puertas, almas, abiertas. Para que entre aire fresco, en verano para acogernos y en invierno para despejar los miedos. La escuela del ser, no del estar. La escuela de las vocaciones, no de las vacaciones. La escuela de verdad. La que no está en las leyes, ni en los decretos, ni siquiera en la tradición. La escuela nueva, creativa, sin prisas, sin causas, sin razón, con razones. Corazones.La palabra en sí misma que vela y desvela, que une y atrapa sin remedio, que fluye entre la “Noche oscura” de Fray Juan y las “Greguerías” de Gómez de la Serna. Versos que se caen a veces por entre las rendijas de las carpetas, como deseando vocear por el pueblo: ¡Estamos aquí, venid a compartir la escuela con nosotros!

martes, 2 de octubre de 2007

ruido en la escuela

Comienza el curso escolar y nada más agradable que el bullicio de los niños- y las niñas- por los pasillos de la escuela- perdón, del colegio. Estos enormes edificios, que albergan entre sus cuatro paredes a nuestros políticos, barrenderos, arquitectas, abogados, vendedores de pipas, fontaneros y azafatas del mañana, vuelven a llenarse de alborotos. Dos meses de silencio, de inactividad en estas grandes obras arquitectónicas, tan desaprovechadas en los meses vacacionales.

Y así, de repente, ese silencio se torna en algarabía y- avanzando veinte vocablos más en el diccionario- en algazara; esa alegría que proporciona la edad temprana ante los nuevos descubrimientos y que es el principio y el fin de la labor educativa. Sale entonces el silencio por la puerta de atrás, esperando al primer fin de semana para volver a esconderse en algún rincón del aula – que es más o menos como un rincón del alma-, y allí solazarse en sus últimos coletazos de vida.

Nos hemos empeñado en que las escuelas se conviertan en almacenes de ruido, donde prevalece la ley del boceras, quien aún cree que el grado de razón es directamente proporcional al número de decibelios. A ello contribuyen quienes construyeron el edificio, que no debieron pensar que allí convivirían durante horas cientos de personas, y por ello no tuvieron en cuenta los problemas de acústica. De modo que el maestro –perdón, profesor- y los alumnos de conocimiento del medio, además de aprender los afluentes del Miño, reciben, por el mismo precio, una clase sobre los números primos, otra sobre la fotosíntesis y, desde la lejanía, una maraña de acordes disonantes que llegan del aula de música.

Los efectos de la contaminación acústica inciden sobre el sistema cardiovascular, las glándulas endocrinas, el aparato digestivo, y otras afecciones como el estrés, tendencia a actitudes agresivas, dificultades de observación, concentración y rendimiento, irritación y pérdida progresiva de la capacidad auditiva. Por ello, es conveniente tomar conciencia desde la edad escolar y, mejor aún, llevar a la practica actividades saludables.

La diferencia entre una sala “sorda” y una “resonante” viene definida por la reverberación. Para disfrutar de un aula en el que la charla sea amena y saludable, debemos disponer elementos que absorban el sonido. Eso procurará un desarrollo de las sesiones mucho más efectiva y el encantamiento de los alumnos con su aprendizaje.

Dedicar una o dos sesiones a este cometido, nos proporcionará a todos y en corto plazo, mayor rendimiento y mejor salud auditiva. Y es tan sencillo como colocar estos elementos absorbentes, disponer un orden en las intervenciones y aprender a escuchar. Por descontado, eliminar los móviles, los grandes enemigos de la comunicación, por paradójico que parezca. El profesorado tiene la oportunidad de hacer de sus aulas verdaderos lugares de reflexión y aprendizaje. Y para ello, nada mejor que dar ejemplo. Algo que debe ser muy difícil de conseguir, pues no existe conciencia de contaminación acústica y, el día que eso suceda, aún habrá que esperar varios años en su solución. No hay más que ver que aún hoy se sigue fumando en muchos centros, no solo con total impunidad, sino con la ventaja de poder llamar intolerante a quien se atreva a cuestionarlo, y tener el apoyo de la comunidad.

Convendría reservar espacios y tiempos para que ese silencio no abandonase definitivamente su merecido lugar. Así Leonardo, el genio de Vinci más conocido por las novelas de intriga que por su obra, se inspiraba en el silencio, y como él los grandes sabios que en el mundo han sido. El silencio invita a la reflexión, a la duda, a la curiosidad, a la creatividad.
Un ejercicio que proponemos cada comienzo de curso escolar, y que nos ahorra muchos ruidos a lo largo de todo el período, consiste en proponer a los alumnos – y alumnas- una adivinanza. Y estas son las pistas: 1) Presentamos un papel en blanco, y lo exponemos durante algunos segundos, sin decir nada. 2) Hay un valle en la provincia de León con ese nombre. 3) Se encuentra al comienzo y al final de todas las obras musicales. 4) De la película “La vida es bella”: Si lo nombras, desaparece.