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martes, 25 de junio de 2013

Wertificación

           
Cada paso una escalera. No pasa día que no nos despertemos con un despropósito de parte de nuestra clase política, sea un asunto de corrupción, sea una metedura de pata, sea una salida de tono o de todo un poco.

            El ministro de educación, que se crece como un toro bravo ante la adversidad- dice-, se ha propuesto ser protagonista cada día, cada hora, cada minuto. Para ello se reinventa cada día a base de desbarros y contrasentidos que hacen ruborizarse a sus propios compañeros de partido.

            Su mejor logro ha sido poner en su propia contra a toda la sociedad, a todos los sectores educativos, en su afán de sacar adelante una ley de educación donde, precisamente, la educación es lo menos importante. Como siempre, el debate – por llamarlo de alguna manera- se reduce al papel de la religión en la escuela y el bilingüismo. Lo demás, palos de ciego sobre itinerarios que  no llevan a ninguna parte, recortes por doquier, apoyo a los conciertos y aconsejar a los estudiantes de la parte baja de la pirámide que, si no sacan un 6,5 de media, se dediquen a otra cosa. Porque si eres “hijo de papá”  no importa la nota media ni los suspensos, podrás hacer la carrera que desees y sin límite de tiempo. En cualquier caso, siempre tendrás la posibilidad de acceder a una universidad privada, también mantenida con recursos públicos y gracias a la santa madre iglesia, para cursar lo que desees sin condiciones.

            El ministro que pide un 6,5 a los estudiantes, es valorado con un 1,7 por los ciudadanos y hace caso omiso a las broncas y plantones que recibe, día sí día también. Igualmente, pasa por encima que muchos de nuestros políticos no superaron esa nota, y ahí están comiendo la sopa boba, con ocurrencias que escandalizarían a un niño de primaria. Desde el ministro de los “denesís” a la ministra del “sueldo en diferido” o un presidente que no entiende su propia letra, tenemos un plantel en el ejecutivo que clama al cielo, y una oposición que no sabemos a qué se dedica, mientras sufrimos a diario este bochornoso espectáculo.

            Ya está bien, señores. Tengan dignidad y convoquen elecciones pues nuestra paciencia no soporta tanta ignominia. Convoquen elecciones con listas abiertas para que nos gobiernen quienes nosotros deseemos, y no ustedes; retiren subvenciones a los partidos políticos, sindicatos e iglesias- que cada uno pague sus creencias e ideologías-; retiren de un plumazo a asesores, designados a dedo y subalternos varios que no han superado una prueba acorde a los principios de “igualdad, mérito y capacidad” como exige una democracia; respeten la separación de poderes para que podamos disfrutar de una justicia igualitaria. Cuando tomen estas medidas observarán cómo, por arte de birlibirloque, mejora nuestra economía, recuperamos derechos sociales perdidos y, sobre todo, viviremos en algo más parecido a una democracia.

            Y si no, habrán de asumir que este caos no es culpa del ciudadano, ni podrán seguir culpándonos de “vivir por encima de nuestras posibilidades”. Si consideran que poco más de 600 euros es un salario digno, intenten vivir un mes con ese sueldo; si consideran que una pensión de 400 euros es digna, es que su realidad se encuentra a años luz de la nuestra; si en sus principios sigue estando el uso del dinero de todos para sus coches de lujo, sus dietas irracionales y sus gastos varios, es que además de estar fuera de este mundo han creado uno a su imagen y semejanza en el pico de la pirámide, donde no están para servir a los ciudadanos sino para servirse a sí mismos.

            Rectifiquen, no esperen a que la sociedad en bloque se lo pida como al ministro Wert. Escuchen, salgan a la calle y presten atención al clamor de las personas dependientes, los niños que no saben si hoy comerán o no, en función de si hay comida en el banco de alimentos o en una organización benéfica. Una clase política sorda, enzarzada en absurdas discusiones no augura nada positivo ni a corto ni a largo plazo.

            Hay una generación de ciudadanos suficientemente preparados, capaces, sin intereses particulares, que bien podrían ocupar un puesto en un ayuntamiento, en un ministerio o en un centro educativo, como demuestran en el día a día en su trabajo e incluso ayudando a los demás de forma altruista, pero que no tienen posibilidad de acceder a esos cargos porque están ocupados por personas que han creado sillones a la medida de sus posaderas y, al propio tiempo, temen que al abandonarlo alguien se comporte como ellos. No se preocupen, nadie va a enviarles a galeras ni les va a echar en cara su incompetencia cuando se vayan. Es más aplaudirán su decisión y les permitirán seguir de una vida digna aunque no lleguen al 6,5, no ya en nota académica, sino en honradez y decencia.

                                                                                                                                                    Javier S. Sánchez

sábado, 15 de junio de 2013

Y, sin embargo, se mueve


            Les molesta, sí, les molesta que haya inconformistas. Y les molesta más que hagan patente este inconformismo, sea mediante manifestaciones, protestas o, simplemente, vestir tal o cual color en su camiseta. Les molesta y lo llaman “violencia”. Olvidan que el derecho de manifestación no lo han inventado estos “violentos” una mañana de abril, no; es un derecho recogido en nuestra Constitución. Concretamente, en el art. 21 se dice:

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

            Les  molesta que los indignados con este despropósito de modelo de gobierno, incumplidor de sus promesas electorales, se reúnan para debatir o simplemente para mostrar su descontento. Tampoco lo soñaron una noche de primavera, sino que está explícito en el art. 3 de LO 9/1983:

1.       Ninguna reunión estará sometida al régimen de previa autorización.


             Al sentirse molestos se revuelven en una sarta de argumentaciones creada a su imagen y semejanza, evidenciando lo que interesa y obviando lo que desagrada, convirtiendo sus discursos en meras tomas subjetivas de la realidad. Por eso aluden a que estas corrientes sociales rechazan lo establecido, como si fuera un pecado criticarlo por inútil e innecesario, pues lo que sirvió durante las vacas gordas no ha de ser, necesariamente, la panacea cuando son las flacas las que nos visitan.

            Se critica al 11M y se les adjudica la complacencia de la izquierda cuando jamás se han pronunciado en ningún sentido ideológico. Y se critica que fueran apoyados por parados, ciudadanos descontentos… ¿Quién si no? ¿Acaso iban a tener el apoyo de la derecha, gobernando, o de la iglesia ocupada en mejorar nuestra educación? Y se critica, también, que estas protestas ocuparan un espacio importante en los medios de comunicación. Si tan poca consideración les merece, ¿por qué les preocupa que aparezcan en los medios? ¿Tal vez debería censurarse la actividad de estos grupos, penalizar la reunión de más de cuatro personas o resucitar la “Ley de vagos y maleantes”?

             Y, ahondando en la divagación, menosprecian la labor de estos colectivos que “no tienen peso ideológico” y “no aportan alternativa alguna”. Obvian, intencionadamente la cuestión principal: ¿Por qué no aportan nada? Se lo diré, porque el hermético sistema que sufrimos se lo impide. Y para ello mantienen listas cerradas, diferentes baremos para la representación parlamentaria, y otras particularidades a favor de un sistema más bipartidista que plural. Si tan convencidos están nuestros gobernantes de sus virtudes, ¿por qué no dan un primer paso abriendo las listas electorales para que elijamos libremente a nuestros representantes mandando al pozo del olvido a corruptos e inmorales?

             Cuando nuestra Carta Magna supera de largo la mayoría de edad, aún hay rescoldos de una España de charanga y pandereta que echa de menos tiempos pasados donde no cabía la pluralidad, expresarse libremente y, sí, protestar ante la incoherencia. Esto, llanamente, se llama libertad. Pero debe doler mucho leer esta palabra, como le dolía al dictador chileno cuando la pronunciaba Víctor Jara- solo por eso ordenó asesinarlo- o, sin ir más lejos, cuando Jarcha la cantaba aquí mismo a los cuatro vientos.

            Les molesta, critican y se lamentan de que banqueros y políticos estén en el punto de mira. ¿Quién si no? ¿Acaso es culpable de esta situación el funcionario que cumple sobradamente su horario, el autónomo que paga sus impuestos o quien, de modo inexplicable, ha perdido sus ahorros? ¿Por qué, entonces, se les penaliza restándoles derechos? ¿Por qué esa pérdida de derechos revierte en el apoyo a quienes provocaron esta hecatombe? ¿No es una paradoja?

             Deberían, quienes predican más que dar que dar trigo, repensarse estas cuestiones; si de verdad procede seguir, “porque siempre se ha hecho así”, apoyando a quienes nos han demostrado su incapacidad; o, tal vez ponerse, en momentos tan delicados, de parte de los débiles, marginados y estafados por un sistema que se ha mostrado ineficaz para gestionar nuestros recursos.

             Supongo que entre quienes les resultan incómodos está la PAH, recientemente galardonada por ser una "organización excepcional que lucha por los valores europeos". Por eso, por ser reconocidos por el Parlamento Europeo, han sido descalificados e insultados. ¿No es sobrepasar el absurdo?

             Afortunadamente no vivimos la época de Galileo, por lo que tendrán que asimilar la libertad de expresión, de reunión y manifestación, perfectamente legítimas, en lugar de proponer la hoguera para quienes, más allá de opinar diferente, dedican buena parte de su tiempo a intentar cambiar algo este deslavazado mundo. En todo caso estoy convencido de que, como aquel, mantendrían lo de “Epur si mueve”.
 
                                                                                                                                       Javier S. Sánchez
                                                                                                                                          Diario de Ávila

lunes, 3 de junio de 2013

Tolerancia

            Tolerancia: Respeto o consideración hacia las opiniones y prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

            De forma inmensa e intencionadamente sesgada, algunos voceros se están empeñando en convertirse en adalides de la tolerancia; y aún más, se atreven a repartirla a su conveniencia como mercaderes de tan alta virtud cual si la hubieran heredado en su ADN.

            Es intolerante manifestarse; criticar a un gobierno que ha admitido no tener remedio a tantos males que nos aquejan, por cuanto nos encomienda a la Virgen del Rocío en asuntos laborales, considera “movilidad exterior” la emigración de jóvenes e incumple una tras otra sus promesas electorales. A esto, a expresarse libremente, a criticar una Ley de Educación que nace con fecha de caducidad- como las siete anteriores-, a censurar la privatización de la sanidad,  a señalar a un ejecutivo que lejos de aportar ideas y presentar soluciones a nuestros problemas nos pide paciencia; a esto lo llaman intolerancia.

            Se supone que, según estos adalides de la tolerancia, pensionistas, estudiantes, profesores, mineros,…más de seis millones de parados, muchos de ellos sin ningún tipo de prestación, deben tener paciencia; como deben tenerla quienes han sido “desahuciados” – palabra prohibida-, de sus casas o quienes han perdido sus ahorros. Debemos tener paciencia y perder derechos adquiridos durante décadas, tener paciencia y perder poder adquisitivo, tener paciencia y ver cómo la justicia ejerce su lentitud, se aplican indultos a capricho, se otorgan trabajos bien remunerados a asesores nombrados a dedo o se contrata a personal sin considerar los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad.

            Somos intolerantes si criticamos a quien sostiene que “las mujeres en mayor medida abocadas al aborto en nuestro país son las de menor formación”. La tolerancia debe ser – recordando peores tiempos- tener la posibilidad de abortar a capricho en otro país, saltándose así a la torera nuestras leyes.

            A esto se le llama “intolerancia”, “acoso” y “descalificación”. Descalificación es, concretamente, tachar a la nueva Ley de Educación de “segregadora”, “clasista”, “retrógada”… Quienes esto afirman,  probablemente no tengan un familiar que mañana mismo abandonará su carrera universitaria por no poder pagar las tasas. Posiblemente desconozcan que esta “contrarreforma educativa” viene precedida de un anteproyecto que carece de memoria económica; se eliminan los contenidos de Educación para la Ciudadanía; se mantiene la religión como oferta obligatoria para los centros educativos al tiempo que se obliga a cursar otra materia al alumnado que no opte por esta materia- ¿qué delito han cometido como para tener que ocupar sus horas porque sus compañeros - libremente- deseen estudiar religión?

            Y sí, una ley segregadora y clasista, en cuanto clasifica al alumnado a los 11 o 12 años si no alcanza los objetivos de 1º de la ESO. Y tres nuevas vías, en las que el alumnado debe optar por itinerarios cerrados: en 2º de la ESO, 3º de la ESO y 2º de Bachillerato. La segregación, de ahí el calificativo, del alumnado en función de su sexo nos acerca al siguiente adjetivo.

            Sí, retrógrada, pues si antes de ponerse en práctica ya se ha cargado sobre los hombros del profesorado la culpa de esta mal llamada “crisis”, con la nueva ley empeorarán – aún más- sus condiciones laborales. Si a esto añadimos el papel que se quiere dar a los directores, más propio de una red empresarial que de un centro público, y la posibilidad de trasladar de forma forzosa a los docentes, bien merecido tiene este calificativo de retrógrada.

            La supresión de asignaturas, e incluso el Bachillerato de Artes Escénicas Música y Danza, es otra de las ocurrencias de los padres de la nueva ley.

            Pero no, oiga; no proteste, no se manifieste, sea complaciente, sea sumiso, obediente, disciplinado, resignado, dócil. Porque, en otro caso, pueden tacharle de intolerante.

¿Y tú me lo preguntas? Como para ir por la vida dando lecciones.
                                                                                                                  Javier S. Sánchez
                                                                                                                  Diario de Ávila
 
 

 

 

lunes, 25 de marzo de 2013

Adoctrina "miento"

Tenemos que celebrar que los jóvenes tengan sangre en las venas y no horchata como falsamente se les atribuye. Felicito, por tanto, a los jóvenes de Nuevas Generaciones del PP de Castellón que se están atreviendo a denunciar que "Existen casos en los que se hace un uso inapropiado de la libertad de cátedra atentando contra un modelo educativo neutro e imparcial". ¡Enhorabuena, por tanto, a estos jóvenes por su lección de valentía!


Dicho lo cual y desde mi experiencia académica, mis humildes conocimientos de historia y mi disciplina en el conocimiento de la realidad, tengo que explicarles a estos jóvenes algunas cosillas que escapan a su denuncia.

¿Existen casos? ¿Cómo que existen casos? Pues claro que existen casos, muchos casos, muchísimos casos de adoctrinamiento en las aulas. Y no de ahora. Cuando estos jóvenes no habían nacido, en este país ya había adoctrinamiento en las aulas, controladas por el nacionalcatolicismo que se manifestó de modo sensible en la hegemonía de la iglesia católica en la vida pública (y privada). Gracias a un proceso llamado “de transición”,- y también a Jarcha, Paco Ibáñez, Luis Pastor y otros-, hace treinta y cinco años se dio la vuelta al sucio calcetín y entramos en lo que se dio en llamar “democracia”.

Los cambios sociales, económicos, culturales…, alcanzaron cotas inimaginables; sin embargo, -quizás lo desconozcan estos jóvenes- siguió habiendo adoctrinamiento en cuanto en todo este tiempo nadie ha impedido que en las aulas se imparta religión. Posiblemente desconocen que esto es posible gracias a (o por culpa de) unos acuerdos con la Santa Sede que datan de 1976 y 1979 respectivamente y que ningún gobierno se ha atrevido a derogar. Porque, ¿saben estos jóvenes que este adoctrinamiento se hace con fondos públicos y personas que no han accedido a su plaza mediante un concurso-oposición como el resto del profesorado? Parecen desconocer nuestros animosos jóvenes que esto sucede en la escuela pública y, en mayor medida, en la escuela concertada sostenida con fondos públicos.

Olvidan estos jóvenes briosos que, cuando un gobierno optó porque se impartiera la asignatura de Educación para la Ciudadanía, voces muy próximas a ellos también hablaron de adoctrinamiento; eso sí, sin una argumentación medianamente sólida.

Además de mucho desempleo, en este país hay mucho ocio. Solo esta premisa me permite entender que la preparación de nuestros jóvenes se esté desperdiciando de tal modo que no dediquen sus fuerzas a tareas más relevantes. Animo a las nuevas generaciones del PP, del PSOE, de IU, de UPyD, de…, a que tengan el coraje de mandar a muchos de sus dirigentes a hacer gárgaras con agua bendita antes de que acaben de cargarse este país pasando olímpicamente de los ciudadanos y especialmente de ellos, los jóvenes.

Cuando su existencia aún era una utopía, los padres de nuestros padres, nuestros padres, e incluso nosotros en otra medida, luchamos para que ellos nacieran con unos derechos y libertades inimaginables hace cuatro décadas. Puede ser, también, que apenas hayan disfrutado de esos privilegios por el tiempo que les ha tocado vivir. En ese caso, pueden tirar de hemeroteca y, en consecuencia, ser la piedra filosofal que se atreva por fin a generar ( “nuevas generaciones”) otro modo de entender la política, retomando aquellos principios de la transición o con nuevas fórmulas más propias de los tiempos que vivimos.

Entre tanto, permítanme que a estos jóvenes de Castellón les invite a dedicar unos instantes a reflexionar sobre sus enérgicas denuncias. Si no encontraran lugar para este menester, pueden solicitar las instalaciones del aeropuerto más próximo, cuyas pistas – construidas hace ahora dos años- se hicieron para pasear. ¿No es bonito?

martes, 19 de marzo de 2013

¿Hay alguien más?

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/18/andalucia/1363608813.html



Sí, por extraño que parezca, las cosas se pueden hacer peor. Cualquiera en su sano juicio, si necesitase algo se lo pediría a quien más tiene. Las lúcidas (mejor "lucidas") mentes de nuestros dirigentes son capaces de encontrar la cuadratura del círculo para aplicar "dura lex" a los más débiles, a los más necesitados. Así, no se les cae la cara de vergüenza bajando las pensiones (de por sí en niveles ínfimos), reduciendo las ayudas a las personas dependientes (¡la desvergüenza al cuadrado!), y como vemos en este enlace, penalizando a los maestros enfermos.

Jamás se les ha ocurrido invertir en programas de prevención, ampliar el espectro de las enfermedades profesionales, consensuar una ley de educación con posibilidades de futuro, elaborar calendarios basados en criterios pedagógicos y no religiosos, dedicar más recursos personales y materiales para salir de este pozo sin fondo.

Se suceden gobiernos de uno y otro color y seguimos sin encontrar a ese ministro capaz de poner algo de orden en este maremágnum o al menos que, “virgencita, virgencita…”, no lo pongan peor.

Acabaremos por poner camas – como nuestros compañeros de Camas- en todos los centros educativos para no faltar a nuestro trabajo; y más aún, pondremos velas a la Virgen del Rocío – a quien se encomienda nuestra ministra de trabajo- para no pasar una gripe.

Ya imagino a un ministro con sus asesores (nombrados a dedo) buscando una solución a los problemas educativos y, además, ayudando a los bancos a salir de la crisis. Muy fácil, cuando un maestro caiga enfermo le penalizaremos con altos porcentajes de reducción de sueldo. ¡Cómo no se nos había ocurrido antes! A veces pienso que si hay extraterrestres, y de algún modo pudieran vigilarnos, habrán pasado de largo buscando vida inteligente en otros planetas.

domingo, 17 de marzo de 2013

El otro examen



He leído que la Comunidad de Madrid ha publicado disparates presuntamente extraídos de las respuestas de algunos aspirantes a maestro en los exámenes de oposición con ánimo de hacer creer a la opinión pública que los docentes son incapaces de responder correctamente a preguntas orientadas a niños de 12 años (Esto por supuesto no afecta a la marca España ni es antipatriota). Yo he tenido acceso a través de un anónimo al examen para altos cargos del gobierno y aquí les pongo un resumen para que vean lo complejo de las preguntas a las que tan sabiamente han respondido estos antes de acceder a sus despachos.

Ahí se lo dejo:

1. Explique brevemente qué es un despido con indemnización en diferido en formato de simulación.
2. Si un tesorero de un partido político es capaz de amasar una fortuna de 38 millones de euros durante 20 años, calcule cuántos fines de semana puede irse a esquiar a Canadá.

3. Si un petrolero se parte en dos en alta mar enfrente de las costas gallegas y suelta 60.000 toneladas de chapapote ¿Cuántos hilillos de plastilina recogerán los afectados sin ayuda de su gobierno?
4. ¿Cuántos kilos de confeti se pueden comprar con 3.000 euros?
5. Localice y borre del mapa a Cataluña.

6. Si tenemos 6 millones de parados y una población activa de 23 millones y éstos van aumentando de 100.000 en 100.000 todos los meses, diga cuándo hay que llamar a Bruselas para rescatar a los bancos.

7. ¿Cómo se escribe desahucio, con sangre, con sudor o con lágrimas?

8. ¿Cree usted en la virgen del Rocío? Razone su respuesta.

9. Si tenemos un hospital público y vamos cerrando camas y despidiendo médicos y enfermeras para después privatizarlo, calcule cuándo empezaremos a poner literas y cuántos ataudes vamos a ir necesitando por semana.

10. Si el matrimonio entre dos hombres es malo, y el formado por dos mujeres también ¿Es aceptable el de un hombre homosexual y una mujer lesbiana? Razónelo.

11. Si tenemos un pasillo estrecho y metemos mucha gente en él hasta que se aplasten. ¿Cuántos kilómetros hay hasta el spa de lujo más cercano?

12. En el caso de que no hubiera puesto para su cargo ¿Estaría dispuesto a ser viceconsejero/ra en una mesa de blackjack en un casino de renombre?
Adaptado del Bolg de Marcelino Madrigal.

viernes, 15 de marzo de 2013

No son los maestros, estúpido.

            Si un aspirante a maestro desconoce por dónde pasa el Duero, no diferencia entre “basta” y “vasta”, ignora la localización de Navarra o el nombre de los Reyes Católicos, es justo que no supere una prueba de oposición, por mucho que se haya afanado en conocer todas las leyes educativas- que no son pocas-, y sea un experto pedagogo. Y celebramos que así haya sido en la Comunidad de Madrid, lo que no debería ser noticia. La noticia sería que sí hubieran superado esa prueba con lagunas tan profundas. La noticia está en la hemeroteca, en aquellos maestros que aprobaron a estos candidatos la Primaria, la Secundaria…, y en quienes les dieron el título de Maestros tras cumplir los tres cursos preceptivos de formación.
           Aunque eso, en la España que vivimos, estaría dentro de lo normal o, mejor dicho, de lo que algunos consideran normal. Es normal, es norma, que un político que esté imputado por la justicia siga en su cargo, que un condenado por acoso sexual pueda presentarse a unas elecciones, que alguien imputado por numerosos “presuntos” delitos observe desde su trono cómo se alargan los procesos, cómo se alternan los jueces y, cómo, finalmente, esos “presuntos” delitos prescriben.
Es norma que si un ciudadano da su voto al político que encabeza una lista, por añadidura tenga que tragar con una retahíla de nombres- muchas veces desconocidos, y otras conocidos pero no de su agrado-, por aquello de las listas cerradas. Es norma que en muchas ocasiones el hemiciclo del Congreso presente muchos vacíos, especialmente si hay fútbol; es norma que muchos medios de comunicación se deban a una ideología, incluso aquellos que pagamos con nuestros impuestos; es norma que muchos profesores ejerzan sin ningún tipo de concurso-oposición porque así lo decide el obispo de turno en base a unos acuerdos con la Santa Sede que datan de 1976 y 1979; es norma que ningún partido político se haya planteado cuestionar estos acuerdos que, además, contradicen tan rotundamente nuestra Constitución en cuanto permiten que “los españoles no seamos iguales ante la Ley”.
          Se considera normal, por eso no dimiten, que nos gobiernen tantos y tantos políticos incapaces de hilvanar dos frases seguidas con la debida corrección si no tienen un papel delante; y se considera normal que esos mismos políticos voten a favor de una nueva Ley de Educación cada cuatro años, como si la brecha que han abierto con su negligencia en tan capital asunto pudiera cicatrizar a base de parches y cataplasmas.
         Es normal que alguien que gana cientos de miles de euros conozca el Duero- seguramente por sus vinos- y hasta el Caribe. No es normal que quien no pisa la calle, no da ruedas de prensa por miedo a equivocarse, tropiece. Porque, ¿en qué lugar hubieran quedado nuestros diputados en ese examen de cultura general? No hace tanto, un periodista en la misma puerta del Congreso planteó preguntas semejantes a los poco atrevidos a contestarlas. El balance fue, siendo generosos, pobre. No podemos exigirles, ciertamente, que conozcan las ciudades que recorre el Duero, lo justo es que valoremos su trabajo, su capacidad de gestión, que es para lo que les hemos elegido. Pues bien, ellos solitos han sido capaces de meternos en esta monumental estafa (que no crisis), son capaces de que cada día haya más desempleo y menos derechos, más pobreza y menos esperanza.
         Los maestros que no conocen el Duero no ejercen; los políticos que mienten, sí; los imputados, también; los condenados, también; los que vieron cómo prescribían sus “presuntos” delitos, también. Flaco favor hacen a nuestra profesión con estas ocurrencias. Pero nada nos sorprende, ya sabemos lo que contamos para ellos cuando no cesan de reducir recursos y derechos de quienes tenemos en nuestras manos el futuro de este país. A nosotros, a los que sí ejercemos, no nos preguntan por el Duero, ni tampoco por nuestras inquietudes, nuestros desvelos. No nos piden opinión cuando redactan una nueva Ley de Educación, no nos explican las numerosas incongruencias que nos obligan a vivir en el día a día. Y, nosotros, los que sí ejercemos, no tenemos siquiera un coche de lujo pagado por los ciudadanos para ir a nuestro trabajo. O a la peluquería.

martes, 26 de febrero de 2013

Otraaaaa Ley de Educación

Así empieza...

Anteproyecto de ley orgánica para la mejora de la calidad educativa


EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

I

Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación. El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, criticas, con pensamiento propio. Todos los alumnos tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país.

Todo bien, salvo que:

1) Esto no se lo cree ni el que asó la manteca.

2) Este pequeño párrafo incluye una falta de ortografía.

3) "Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación". Claro que, algunos asisten a clase en barracones, en edificios con goteras, sin calefacción, con recursos limitados, sin los profesores necesarios, se les suben las tasas, se les limitan las becas...

4) "formar personas autónomas". ¡Ja! Autónomas para coger un avión que les lleve a Alemania o a Uruguay a buscar trabajo.

5) "formar personas críticas". Y una vez lo hayamos conseguido, ya nos encargaremos nosotros con los medios de comunicación públicos que ellos mismos pagan, con un código penal adecuado, con dudosas actuaciones de las fuerzas de seguridad, de que no puedan ejercer esa crítica.

6) "formar personas con pensamiento propio", es decir, con nuestro propio pensamiento, que piensen como nosotros.

7) "Todos los alumnos tienen un sueño". Eso es verdad, pero las barreras para llegar a cumplirlo son infinitas.

8) "todas las personas jóvenes tienen talento". Sí, pero no les sirve de mucho porque están gobernados por personas que carecen de ese talento.

9) "Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país". Pues a ver si conseguimos que las personas de talento ocupen los cargos de responsabilidad, y quienes fabricaron sillones a la medida de sus posaderas se vayan de una santa vez, que su vocación de servicio a los ciudadanos ya está suficientemente sublimada. ¡Que no nos sirvan más, que nos salen muy caros sus servicios!

Y esto es solamente el principio...Pero no preocuparse, en un plazo de tres años podremos tener una nueva Ley de Educación, casi con toda seguridad peor que la anterior. ¡Y nos hablan de talento quienes han sido incapaces de llegar a un consenso en más de 30 años! ¡Tiene guasa!



martes, 19 de febrero de 2013

Un cuerpo privilegiado


“Los profesores son un cuerpo privilegiado”. María del Carmen Martín Irañeta, diputada de Madrid por el Partido Popular.

Por fin alguien dice una verdad. Despertarse cada mañana es una aventura, no ya por el día maravilloso que se presenta ante nosotros sino por qué será lo próximo que nos despierte así, de un guantazo.

Efectivamente, señora diputada, ser profesor es un privilegio; y lo es porque uno decide dedicarse a la educación por muchos motivos, entre los cuales ni el sueldo ni las vacaciones tienen un lugar preferente. Uno decide ser profesor aún a sabiendas de ser, en estos tiempos, una tarea desagradecida, denostada y estigmatizada gracias a estas ocurrencias. Ser profesor es un privilegio porque nada encontramos más gratificante que dedicarnos a lo que nos entusiasma, nos complace y nos seduce. Ser maestro es un privilegio, y por eso hemos dedicado la mitad de nuestra vida a prepararnos para afrontar todo tipo de retos, desde impartir materias en las que no somos especialistas, trabajar con un grupo de diferentes niveles o atender a un alumno en un momento crítico. Ser maestro es un privilegio, por eso acudimos puntuales a nuestra tarea, preparamos convenientemente las clases, no tenemos horarios para atender a padres y alumnos. Ser profesor es un privilegio, por eso cada día nos embarcamos en nuevos proyectos, realizamos cursos de formación para enfrentarnos a los desafíos de los nuevos tiempos, nos reinventamos cada día.

Sí, señora diputada, ser profesor es un privilegio.

Y lo es a pesar de tener que soportar el que nos impongan una nueva ley de educación cada cuatro años, que desprecien nuestra labor y, cuando vivíamos las vacas gordas, nos mirasen por encima del hombro quienes, como el cura de “Mar adentro”, confundían “la gimnasia con la magnesia”. Hace solamente dos años, ser profesor no era un privilegio, era una “desgracia”, pues quienes hoy tratan de deshonrar nuestro trabajo, no se acordaban de que estábamos ahí. Y es que, entonces, en este país muchos se saciaban con la sopa boba, los mismos que hoy gritan a los cuatro vientos que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, nos piden “austeridad” y nos usurpan derechos mientras, ellos sí, son unos privilegiados que disponen cuál ha de ser su propio sueldo, las condiciones de su jubilación, su asistencia o no al trabajo y un sinfín de despropósitos que cada día nos sacuden porque, ¡oiga!, “los profesores somos un cuerpo privilegiado”.

Somos un cuerpo privilegiado que, antes de acceder al aula, hemos dedicado muchas horas, muchos días, muchos años, a preparar una oposición, palabra ajena para los llamados “asesores”, “puestos de libre designación” y eufemismos varios que sirven para saltarse el “todos somos iguales ante la ley”.

Y sí, señora diputada, definitivamente “ser profesor es un privilegio” porque viendo como está el ámbito político, no creo que haya profesor alguno que les envidie, que envidie sus formas, sus ingeniosidades, sus bufonadas y el escaso nivel cultural que muchos exhiben porque, ¡oiga!, se puede ser asesor e incluso presidente de gobierno – es lo que tiene la democracia- sin tener capacidad para redactar un texto medianamente ordenado o pronunciar de memoria un discurso de más de tres oraciones. El problema es que el “profesor privilegiado” se encuentra a expensas de las decisiones de quienes, en lugar de defender la educación y a quienes nos va la vida en ello, se dedican a dar bandazos ora eliminando miles de puestos de trabajo, ora privatizando sin orden, ora restando recursos, eso sí, “sin afectar a la calidad”. ¿Si se pueden restar estos medios personales y materiales sin afectar a la calidad, qué sentido tiene el “derroche” de tantos años? ¿No se dan cuenta de que sus proclamas no tienen recorrido?

“Ser profesor es un privilegio”, pero en otro sentido, señora diputada; en el sentido que le muestro y que espero comprenda lo suficiente para no volver a mancillar tan digna tarea.

sábado, 22 de septiembre de 2012

"A la mierda"

Sin temblarle el pulso y harto de las gracietas de los populares- ahora "Partido de los Trabajadores"- soltó un "a la mierda" seguido de "lo que les fastidia a ustedes, que han controlado el poder, es que vengamos aquí a hablar". Todo ello entre risas de diputados, algún ministro también, que algo de vergüenza deberían sentir al verse en tal actitud.


No era Labordeta un político al uso, por eso sus palabras podrían dirigirse a un alto porcentaje de políticos de uno y otro color.

El primer recuerdo que tengo de él - de su música- es en Valladolid; las manos unidas con un numeroso grupo de personas entonando su "Canto a la libertad". Por entonces Chile se había convertido en una dictadura y aquí aún no habíamos salido de la nuestra. Se erizaba el vello gritando en "clandestinidad": "Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad". Aprendimos sus versos al lado de los de Paco Ibáñez, Luis Pastor, Jacques Brel, Moustaki y Víctor Jara.

Y aprendimos también su ironía, su socarronería con "Meditaciones de Severino el sordo"; sin desperdicio.

Dentro de un señor que se paseaba por España con una mochila, había un alma de maestro, que lo era- catedrático-, auténtico, de verdad, enraizado en Aragón y patrimonio de todos.

No era político al uso, no era músico al uso; su personalidad se alzaba sobre modismos, sobre técnicas instrumentales y sobre formas.

Su sentido del humor brotaba espontáneo. Era capaz de crear la historia de las tazas de té con elementos pornográficos que tanto escandalizaron a su prima "monjil", que esta huyó de casa y aún no se conoce su paradero. O se solidarizaba con aquellos que pedían que se contrataran informadores del tiempo que fueran zurdos, pues con el trasero ocultaban Murcia y en Cartagena nunca sabían qué tiempo tendrían. Así, -decía-, en todo caso, la peor parte se la llevarían los portugueses. José Antonio Labordeta, maestro de maestros, cantautor de verso hondo, político de verdades desnudas. La persona por encima del personaje, capaz de desentrañar las vergüenzas de los encorbatados que, tras la poltrona, ríen con patetismo cuando alguien les canta un par de verdades.

Espejo que debiera ser de las nuevas generaciones: de los políticos, para que se miren menos el ombligo y de los maestros para que no perdamos el referente. ¡Que sabe Dios lo que les contarán y cantarán a los niños quienes la primera vez que han sabido algo de Labordeta ha sido, precisamente, hoy, cuando nos ha dejado!

(José Antonio Labordeta nos dejó hace dos años; su obra perdurará por los siglos).

El camellito sabio

“Se escribe por necesidad”, decía Ángel González.
Por necesidad os traigo hoy el cuento de “El camellito sabio”. Más que nada para evidenciar el error en que se encuentran “los amos del zoo”, sobrados ellos de suficiencia al punto de no permitir que nadie les distraiga en su afán de dejar las cosas como están (“Virgencita, virgencita…”), o el ya manido “Siempre se ha hecho así”. Como si fueran argumentos no ya para pifiar (“Errare humanum est”), sino para permanecer en el error por los siglos. Con la que está cayendo, más les valdría abrir los ojos y cerciorarse de que cada vez somos más los que nos llevamos las manos a la cabeza por sus acciones u omisiones que no hacen sino prolongar unos modos decimonónicos, sea ya en la política, en la educación o en el quehacer diario donde no caben sus patéticas ocurrencias, sus convicciones sin argumentos donde sustentarse y la absurda creencia de sentirse imprescindibles (“Los cementerios están llenos de imprescindibles”).

Es necesario, pues, un barrido sin miramientos para que estos “amos del zoo o de la finca” por fin levanten las posaderas de sus regios tronos, donde en palabras de Machado se limitan a “despreciar cuanto ignoran”- traducido, “la ignorancia es atrevida”-, y den paso a mentes preclaras y culos inquietos que más ayudarían a darle una mano de verdad al paisaje, y falta que le hace.

Políticos, sindicalistas, amos de pequeñas fincas públicas en general: hagan el santo favor de levantar sus posaderas y tomar un sorbo de aire fresco. Su salud se lo agradecerá. Y más aún, se lo agradecerá la salud de tantos y tantos “camellitos” con más talento, más conocimientos, más capacidad y, sobre todo, más entusiasmo.

El camellito sabio

Una madre y un bebé camello estaban descansando, y de repente el bebé camello pregunta....
Bebé: Madre, ¿puedo preguntarte algunas cosas?

Mamá: ¡Claro que sí ! ¿Por qué hijo, hay algo que te molesta ?

Bebé: ¿Por qué los camellos tenemos joroba?
Mamá: Mira hijo, nosotros somos animales del desierto, y necesitamos la joroba para guardar agua y podamos sobrevivir sin ella.

Bebé: ¿Bien, entonces por qué son nuestras piernas largas y nuestros patas redondas?
Madre: ¡Hijo, obviamente ellos se adaptan para andar en el desierto, con estas piernas nos podemos mover por el desierto mejor que nadie ! Dijo la madre orgullosamente.

Bebé: ¿Bien, entonces por qué son nuestras pestañas tan grandes? A veces esto molesta mi vista.
Madre: Hijo mío, aquellas pestañas largas y gruesas son su tapa protectora. Ellos ayudan a proteger tus ojos de la arena de desierto y viento, dijo su madre con ojos llenos de orgullo....

Bebé: Ya entiendo. Entonces la joroba debe almacenar el agua cuando estamos en el desierto, las piernas son para andar por el desierto y estas pestañas protegen mis ojos del desierto...
Entonces ¿qué demonios estamos haciendo aquí en el zoológico ?????

MORALEJA:

Habilidades, conocimiento, capacidades y experiencia sólo son útiles si estás en el lugar correcto...

lunes, 16 de julio de 2012

Marcha "negra"

Vimos y vivimos la Marcha "negra”

Veinticuatro horas dan para mucho, sobre todo cuando estás rodeado constantemente por más de doscientas personas que, ante todo, son doscientas historias. La mayoría de ellos- los protagonistas-, mineros; algunos periodistas, algunos políticos y sindicalistas venidos a más – los más a menos-, y algún que otro curioso. Al margen, los que buscaron la foto o dieron el titular y salieron huyendo porque “esta no es su guerra”, como si uno pudiera abstraerse de cualquiera de las “guerras”, e incluso guerras, que hay en el mundo.

Más de trescientos kilómetros en sus pies, fatiga, esperanza, desesperanza; sentimientos que se entremezclan en una amalgama maldita que no les deja dormir si no fuera porque puede más el cansancio que la cabeza entretenida. Una foto de Santa Bárbara y un texto: “Solo nos arrodillamos ante ella”; un casco: “Mi padre también fue minero”, otro casco con la foto de una niña, una hija; muchas camisetas que redundan en frases escritas para la “lucha”: “Nos quieren quitar todo”; “No somos terroristas”…

Peregrinaje de negrura, de sombra que recorre la estepa castellana que arde bajo el sol de estío; caminar firme y ligero con la mirada puesta en la meta. Se apoyan, la música sobre todo es terapia, en cantos que mitigan su dolor, el de sus pies y el de su corazón.

Asturias, León, Teruel, quedan cada vez más lejos. Abandonan a sus madres, a sus hijos, su tierra y su sol para, algún día, reencontrarse con ellos y decir: “Valió la pena”.

Doscientas historias que nos redimen de nuestra crueldad con el ser humano, que nos reconcilian con las personas más allá de su credo, su bandera, su mirada; doscientas gestas vividas una a una y ahora, todas, en común.

Cae la tarde. Los voluntarios han recuperado los pies dañados y, sobre todo, la confianza en el objetivo. Los periodistas, entre ellos un freelance, redactan la penúltima crónica del día. Los políticos hace tiempo que salieron a atender asuntos “más” importantes. Poco a poco se apagan las luces en el pabellón donde descansan. Se hace la oscuridad. No tienen miedo: la mina es más oscura, y más negra, y más lóbrega. De la mina salieron casi todos, de aquí no saben si saldrá alguno. Los curiosos se asomaron, los aplaudieron, hicieron la foto y volvieron a sus menesteres. Nunca preguntaron cómo se llamaban, si sus hijos iban a la escuela o quién era esa mujer que les acariciaba la cabeza mientras eran curadas sus heridas.
Y lo peor, nunca creyeron que esta “guerra” también era su “guerra”.


lunes, 2 de julio de 2012

Ajo y agua

Se ha abierto la veda y nos van a dar hasta en el carné de identidad. Quien más quien menos está preparando la maleta para disfrutar de unas más que merecidas vacaciones. Las Consejerías “que no descansan” (¿?) aprovechan para sacar las “Órdenes de racionalización del gasto público en los centros docentes”. (No caben más eufemismos en menos espacio).


Sí, efectivamente, traducido sería: recortes en educación.

Y no pasará nada, porque mientras unos preparan su equipaje, otros “conmigo no va esto” miran desde la distancia,- aunque sus hijos estén en paro-, y los más ya se enfundaron la camiseta verde en una especie de lavado de conciencia como cuando das una limosna o entregas ropa “usada” a una ONG.

No estamos indignados, somos resignados; además, con la notable diferencia de “estar” y “ser”. Resignados que se llevan las manos a la cabeza en el pasillo del aula como en la barra del bar; resignados que echaban la culpa a ZP y ahora se comen su voto con patatas; resignados que prefieren ver la película de lejos porque si haces huelga te quitan unos euros de tu nómina; resignados que ven pasar a los mineros por la A-6 como algo ajeno; resignados que durante años, desde la placidez de su sofá, aprovecharon las movilizaciones ajenas para salvar su culo. Resignados, en fin, que ahora ven que les toca a ellos, a sus padres, a sus hijos, a su sueldo, a sus vacaciones. Y aún siguen esperando impasibles que alguien les haga la tarea. Pues no, ahora que cada palo aguante su vela, que se las arreglen para convocarnos este verano y manifestarnos para que sus hijos tengan algún futuro o seguir disfrutando de la paz del inmutable. No, no lo harán. Esperarán a septiembre para regalarnos los oídos con sus quejas, como antes. Eso sí, enfundados en la camiseta verde pero jamás dando la cara. En el pecado llevan la penitencia.

sábado, 30 de junio de 2012

¿Y si España pierde…?


Hace unos días me preguntaron por uno de los partidos de la Selección Española de Fútbol. Como quiera que la vida no me permite dedicar noventa minutos cada dos días a tirarme en el sofá a ver un partido de fútbol, sea de la Selección Española o de la Gimnástica Medinense, contesté que no había visto tal partido. A la cara de asombro de mis contertulios le siguieron expresiones del tipo “¡vaya español!”, “¡ni eres español ni eres patriota!” y otras semejantes.

Sinceramente no me he planteado en toda mi vida mi grado de patriotismo o españolidad, pero esta escena me hizo planteármelo. Decidí por tanto, llegadas las semifinales, apostarme en mi sofá “chaise-longue” y “vibrar” durante ciento veinte minutos con “la roja”. Sufrí, padecí, grité, puse banderas en todas las ventanas de mi casa, subí el volumen del televisor, salí a la calle a golpe de claxon. Desde ese momento, cada vez que me miro en el espejo me siento más español, más patriota. ¡Con lo fácil que era y no me había dado cuenta!

Además descubrí que, mientras entretenía mi tiempo frente a la pantalla me olvidaba de los cinco millones de parados, de la pelea de los mineros, de los recortes en sanidad y en educación, e incluso de la bajada de mi sueldo y la subida del IRPF. Era la panacea, la solución a todos mis males. Es más, podría ser y de hecho era la panacea a todos los problemas de mis alumnos, de sus padres, de sus vecinos.

Y si conseguía prolongar este estado de placidez llevando a mi trabajo aquel penalti que no entró o aquel córner que no existió, estaría poco menos que a las puertas del paraíso. Presumiría de mi españolidad día y noche, en el trabajo y en mis ratos de ocio; ocuparía mis días y mis noches ayudando a mi país del modo más fiel y honrado. ¿Cómo se me había ocurrido perder el tiempo en otros asuntos durante años, como voluntario, realizando actividades para personas mayores o niños, coordinando grupos de teatro, dedicando tiempo a la música o la pintura…? ¿Cómo les iba a explicar a mis alumnos que durante el Mundial de España, 1982, en lugar de estar voceando en la calle estaba preparando los exámenes de final de curso, algo que ellos jamás comprenderían?

Deseo con todas mis fuerzas, para potenciar mi españolidad, que España se proclame mañana campeona de la Eurocopa. Pero… ¿y si pierde?

Si pierde aprenderé…

… que la vida no es un camino de rosas.
… que los éxitos llegan con esfuerzo.
... que lo que no cuesta no vale.
... que no siempre se gana.
… que hay vida fuera de un campo de fútbol, como la hay fuera de un teatro.
… que no puede ganar más (muchísimo más) un futbolista que un cirujano o un maestro.

Y aún más, se lo diré a mis alumnos para que vean la otra cara de la realidad.

¡Vaya, se nos ha acabado el curso! Tendré que esperar a septiembre. Otra vez me ha pasado como a aquel cura que trabajaba en dos parroquias y los mejores sermones eran los que escuchaba –seguro que muy a su pesar-, el burro que le llevaba de una a otra.

Propongo a mis compañeros maestros hacer una selección de personas y organismos que, siendo o no españoles, pueden aportarnos algo más que este “pan y circo” (más circo que pan, en todo caso).
Mi alineación comienza con estos tres nombres que, aprovechando que hoy no hay fútbol, me he encontrado entre las noticias:

Pedro Cavadas

http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/pedro-cavadas-consigue-reimplantar-nino-10-anos-dos-pies/1447768/

Gennet

http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/telediario/gennet-primera-persona-sordociega-aprobar-carrera-universitaria-espana/1451271/?media=tve

Cruz Roja

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/06/13/actualidad/1339580577_977271.html

¿Cuáles el tu once ideal? Plantéate de tarea para el próximo curso hacer con cada grupo de clase una alineación. Y luego trabajamos sobre ella. Quizás nos aporte mucho para acabar con la crisis más importante que tenemos: la de valores.

Comentarios

Alberto domingo, 01 julio, 2012
Muy buena entrada. Yo también soy de los que creo que hay otros "partidos" más relevantes en España difíciles de ganar: el desempleo, los desahucios, los recortes en sanidad, educación y servicios sociales, ... Partidos en los que no es tan importante pintarse la cara o llevar una bandera ...

Evaristo Romaguera domingo, 01 julio, 2012
Empiezo a preparar mi once ideal para septiembre aunque hoy será difícil entre el humo, las cenizas, el cielo apocalíptico y la rabia que se respira en Valencia.

Me solidarizo con los valencianos y deseo que lo antes posible se acabe con los incendios que asolan la maravillosa tierra valenciana. Y por supuesto que hay partidos más importantes, pero quienes "nos sirven" ya se encargan de tenernos entretenidos con estas milongas. A ellos no les faltará de nada, siempre podrán quitárselo a los pensionistas, los enfermos, los dependientes...Sinceramente, no sé qué hace Rajoy en Kiev y mucho menos qué es lo que celebra. Nuestra escala de valores por los suelos, a la altura de la prima de riesgo. Y luego quieren que hagamos milagros en la escuela.
Javier

lunes, 12 de marzo de 2012

Una crisis más que económica...

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de excelencia la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado, celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la a hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
(Como me lo mandaron os lo mando).

lunes, 20 de febrero de 2012

La rebelión del presente

Echábamos de menos la rebeldía ante este oscuro mundo que nos maneja a su antojo, el de los mercados según dicen, el del capitalismo salvaje que nos invade y del que no podemos ausentarnos a menos que hagamos un viaje sin retorno al corazón de África.
Echábamos de menos que alguien en algún lugar se rebelara de una santa vez, con razón o sin ella; los jóvenes tienen razones que los conformistas, “moderados”, acomodados alrededor de su ombligo, no entienden. En realidad nadie les ha enseñado, porque hemos sobrevivido durante tres décadas en un vivac donde nos faltó de nada, y nunca pensamos que quienes protagonizamos alguna de las últimas carreras delante de los grises, nos íbamos a desayunar con imágenes como las que se suceden estos días que nos evocan, desgraciadamente, aquellos tiempos felizmente superados.
No hemos preparado a esta generación para ser zarandeados, y hasta agredidos por la policía; porque alguien nos convenció de que la democracia impedía que se recreasen estas escenas que pertenecen a la televisión monocolor. Los gobiernos, por otra parte, ni de izquierdas ni de derechas, se acordaron de ellos y ahí, sin embargo, por generación espontánea, como salidos de la nada, aparecen estos chicos sorprendiéndonos con la valentía de quienes se niegan a permitir la pérdida de derechos, el abuso de poder, la corrupción,…
Nada pueden esperar de los pánfilos de nuestra generación; pues si jamás osaron enfrentarse a la autoridad, si jamás rompieron los tensos silencios, si nunca creyeron que les tocaría a ellos, si han encontrado el hueco al sofá para acudir al día siguiente al trabajo con el último cotilleo, si no levantaron la voz cuando jóvenes y no hacen sino gritar para mostrar sus carencias cuando viejos-no de edad como de mentalidad-, si no fueron capaces de crear algo nuevo, si no alcanzan a un debate de mínimos, si viven con las orejeras y la venda desde el día en que despertaron con la teta de mamá empresa o papá Estado,…poco pueden ofrecerles a quienes viven en una onda desigual. Y ya no hay tiempo para ajustar el dial.
Saben que se juegan mucho y que nadie va a luchar por ellos. Su único pecado es no tener pasado y no atisbar futuro alguno. Les queda la rebelión del presente, que no es poco.
"Bajo los adoquines está la playa"; el problema es que la dosis de cemento, será por la burbuja inmobiliaria, les dará tanto trabajo como a Dani el Rojo.

lunes, 16 de enero de 2012

causa sin rebeldes



A la bautizada “Generación NI NI” le sucederá sin duda la “Generación NA NA”. Se tratará de seres sin obligación alguna, con todos los derechos adquiridos y a quienes habrá que cantar una nana mientras se les cambia el pañal. Seres inertes, manos ocupadas en un teclado virtual, ojos fijos en una pantalla desde la que gestionarán su supuesta vida. Vivirán en cubículos oscuros, - las pantallas reflejan la luz-, y disfrutarán de innumerables hipotéticas fiestas. ¡Y serán felices! Felices en el sentido de felicidad creado desde que el conformismo se alistó entre nosotros.
La generación de los 80 es la denominada “Generación Y”, y no merece muchas líneas pues son un sí-es no-es indefinible. Habrá de pasar tiempo para conocer el alcance de su presencia, si es que la tuvieron alguna vez.
Antes, los nacidos en la década de los 60, somos la “Generación X”, incógnita que define perfectamente nuestra esencia y niega nuestra existencia. Sobrevivimos por el duro trabajo de nuestros padres y, lloramos mucho para superar sus miedos de posguerra. No estábamos preparados para asimilar sus carencias y tampoco para innovar sin que nos defenestrasen. Sencillamente se nos ignoraba.
Nos codeamos con los mejores, desde Gandhi hasta Ché Guevara, pasando por el propio Jesucristo o Bob Dylan, Los Beatles o la quinta del Buitre. Algunos, además, y por necesidades del guión, conocimos a Hesse, a Moliere e incluso a Hans Küng. Aprendimos a decir no, a costa incluso de perder trabajos, con tal de no tragar el caciquismo imperante, coletazos del antiguo régimen durante la transición. La confianza en nuestras capacidades lo permitía; sabíamos que más pronto que tarde la vida nos guardaba un sitio, el nuestro. Y negábamos, por ello, todo lo que no se acomodase a los valores que habíamos aprendido.
Nos llamaron de todo quienes preferían guardar sus talentos en lugar de luchar, invertirlos en su futuro. “Un día te vas a estrellar...”. Nos decían.
Daba miedo escuchar eso. Pero se nos pasó el día en que un camión realizó un adelantamiento y nos dejó su remolque apenas a un palmo de nuestro parabrisas. Descubrimos de repente que era más fácil estrellarse, sin eufemismos, contra un trailer alemán, a pesar de respetar las señales, que rebelándonos contra lo establecido.
Hoy somos – el verbo ser siempre estuvo peleado con el “tener”- lo que quisimos ser. Disfrutamos de lo que siempre quisimos hacer. Conocemos el significado de la palabra trabajo, y justicia, y solidaridad. Y los profetas apocalípticos, a estas alturas, todavía se atreven a darnos consejos: “Te vas a estrellar...”. Porque seguimos recomponiendo el mundo aunque nos llamen ilusos, porque, como decía Badem Powell, queremos dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos, queremos pasar por la vida y no que la vida pase por nosotros.
Nuestros alumnos absorben algo de esta quintaesencia que les transmitimos. Lo menos, pues el influjo mediático y la impunidad les protegen. En medio de una crisis galopante, con un futuro más que incierto, echo de menos esa rebeldía de la que aún guardamos rescoldos y que ni siquiera ha prendido en esta nueva generación apática, abúlica y triste. Por eso, cuando un alumno, casi nunca, viene a reclamarme algo, a protestar por algo, me reconozco en él y confío en que no corre horchata por sus venas. Incluso, si son sus padres quienes se rebelan, casi nunca, me queda la esperanza de que algo podrán inculcarle de ese espíritu inconformista y resignado.
Algún día, algún día nos estrellaremos por intentar imitar a nuestros referentes; algún día, algún atrevido alumno se estrellará por intentar imitarnos. Eso sí, antes tiene muchas oportunidades de hacerlo, sin eufemismos, contra un camión alemán cuyo conductor olvide mirar por el retrovisor.

domingo, 15 de enero de 2012

la deshumanización de la educación


En una escuela que más parecía una casona, D. Julián se las apañaba para enseñarnos los ríos y las regiones, los aeropuertos y la tabla de multiplicar. Él era el director de la escuela, el jefe de estudios, el secretario...Eso sí, por tanto empleo solamente cobraba un exiguo sueldo.
Bien es cierto, que sus métodos vistos desde la perspectiva que nos dan los tiempos y las nuevas pedagogías, no eran muy ortodoxos. Ahora bien, si queremos alimentar la polémica, bastará con recordar al lector que, mal que lo hiciera el viejo maestro, a fecha de hoy en una población de poco más de cien habitantes se cuentan, la mayoría en otros rincones, más de veinte maestros, además de empresarios, algún ingeniero...
Legislar sobre educación desde un despacho, además de ser tarea difícil, se nos antoja complejo e irreal. Así, contamos las Leyes de Educación por legislaturas, lo que sin duda obedece a intereses lejanos al ámbito educativo. La comunidad escolar se encuentra al albur del partido que gobierne. Cuando más necesario es un consenso en materia educativa, más lejos se vislumbra una ínfima posibilidad de alcanzarlo. Caballo de batalla en campaña electoral, después no da votos, la educación pertenece al reino del olvido el mismo día de celebrarse los comicios. Hay que esperar hasta cuatro años más para que la sociedad, e incluso los políticos que nos representan, tengan a bien dedicar, aún por interés partidista, unos renglones de sus mítines a la educación. El resto ya lo sabemos.
Las Comunidades Autónomas, con las competencias educativas transferidas, buscan recovecos para, a su manera, interpretar aquella Ley que se aprobó. Poco importa la singularidad de cada región, de cada provincia, para elaborar el calendario escolar, por ejemplo. Poco importa el desarrollo económico, social, para orientar el currículo a las necesidades, a la demanda. En definitiva, el mapa educativo se resume en dos colores que, ya no nos asombra, se corresponden con los de los dos partidos políticos que alternan en el poder.
Poco recorrido para los Centros, Sindicatos e incluso la propia Administración. La repetición de fórmulas, a veces descabelladas, se sucede por décadas sin que nadie ponga remedio. Y es que, esa inmovilidad la hemos asumido como algo normal; forma parte del paisaje y no hay modo de cambiarla.
No parece rece que el intento de S.M. el Rey en uno de sus mensajes navideños, incidiendo en "la necesidad de elevar la educación y preparación de nuestros jóvenes, cuyo compromiso con la sociedad es un activo insustituible.", sea estímulo para quienes no es que vivan fuera de la realidad sino que, sencillamente, viven otra realidad.
Esta democracia de listas cerradas permite la permanencia de muchas personas en cargos que bien merecen aire fresco. Eso sí, de no haber un cambio sustancial en todo el organigrama, más allá de la política, y una reforma del propio sistema educativo, casi es preferible que no se altere el modelo que todos hemos llegado a aceptar; más por resignación que por convencimiento.
Al parecer, nuevas Leyes tampoco solucionan viejos problemas. Y tampoco, quizá se pierda en el camino, consiguen plasmarse de forma eficiente en el día a día en lo que respecta a Innovación y Tecnología. La era de la comunicación está devorando viejas pedagogías, obsoletos métodos y anticuados recursos. La escuela no consigue avanzar a un ritmo demasiado ligero; la formación del profesorado no es suficiente para llegar a los nuevos mundos que se descubren cada día. Lo que ayer era última moda, hoy es pasado. Pero, si es complicado estar al día en los nuevos avances, más lo es aún compaginarlo con una educación personalizada y centrada en los valores humanos.
Es revelador el caso de una niña que, además de padecer leucemia, tiene que soportar la indiferencia de la sociedad. Cuando el artículo 27 de la Constitución nos garantiza a todos una "enseñanza obligatoria y gratuita", ella solamente recibe cuatro horas semanales de clase para avanzar en su 1º de Educación Secundaria. Algo falla.
Porque, a D. Julián se le pueden censurar sus métodos. Incluso esa fila encabezada por "el más listo de la clase" que hacía cada día. Pero jamás olvidaba en un rincón a un alumno enfermo.
Paseamos por las ciudades sorteando mendigos como si nada. Recibimos las cifras de la malaria como si nada. Y, como si nada, abandonamos a los alumnos que más nos necesitan. Eso sí, amparados por la Ley, que nos permite tranquilizar la conciencia ante semejante injusticia.
Porque esta niña sí que quiere hacer, quiere seguir estudiando, quiere seguir aprendiendo, quiere seguir viviendo desde sus 12 años este mundo, por inhumano que sea. Y, a buen seguro, que será su generación la que de una santa vez nos despierte de este letargo, donde solo importa el poder y consumir hasta el ahogo. Habrá que dar un aldabonazo en las mentes de los responsables de estos desaguisados para que salgan de sus despachos y miren cara a cara a la realidad, a la otra realidad, la que tan lejana les aparece. Aunque les duela. O no.

martes, 10 de enero de 2012

sin máscara

Las nuevas tecnologías han logrado lo que no se había conseguido en muchos años de transición o, como vemos en los países árabes, lo que era imposible de lograr por vías “democráticas”. Esta democratización que sí permite participar a todo el mundo, que sí permite opinar a cada momento y no cuando las normas -hechas a medida de los partidos, que no de los ciudadanos- dicten, va más lejos que cualquier propuesta de cualquier constitución.
Hay, por ahora, un pequeño impedimento o logro, según se mire: la falta de regularización. La posibilidad de acceder a los medios, -y a los mercados-, con inmediatez, de “desnudar” a quienes hasta ahora vivían en una placentera oscuridad, nos desvela el armazón de barro que soporta imágenes que muchos suponían brillantes.
Ahora, dudamos en elegir entre lo malo y lo malísimo; o peor, no dudamos. Cada día se nos revela con mayor nitidez la incapacidad de la clase política, de sus asesores y medios afines, para gobernar una nave que les es ajena, porque, no lo olvidemos, la política no es vocación, ni mucho menos.
La capacidad para afirmar- o votar- una cosa y su contraria, da muestras del grado de desfachatez de nuestros políticos. Eso sí, con nuestro consentimiento. ¿Cómo es posible que un diputado no acuda cada día a su trabajo?, ¿cómo es posible que a un representante de los ciudadanos le prescriban sus “supuestos” delitos?, ¿cómo es posible que un político gane en un solo día más que un jubilado en un mes?, ¿cómo es posible que la primera medida de muchos alcaldes tras ser elegidos, y con la que está cayendo, sea subirse el sueldo y, peor, no haya modo de impedirlo?
Podemos debatir hasta el día del juicio si son churras o son merinas, pero estas reflexiones tan evidentes y, por otra parte tan dócilmente asumidas, bien nos ayudarían a desenmascarar los verdaderos orígenes de la crisis. Porque la sumisión a los mercados es un pecado, venial para unos y mortal para otros, que hemos asumido todos, “el que esté libre…”, sin ser conscientes del riesgo adjunto. Y ahora lo pagamos, con creces.
La cuestión es la gestión o pasividad de quienes administran mis euros. ¿No les puedo pedir ninguna responsabilidad por su ostentación (aeropuertos, estaciones,…inservibles), para su mayor gloria –captación de votos-, y cuya inutilidad pagaremos todos durante años?
Por su parte, los medios, también se han visto desnudos. No se puede poner una vela a dios y otra al diablo. ¿Cómo es posible que no existan tertulias verdaderamente plurales, debidamente moderadas y con el objetivo- no ya de captar audiencia- sino de informar? La impresión que dan es que su objetivo es exactamente el contrario, que sigamos en la penumbra. Por eso cobran mayor importancia las nuevas tecnologías, que nos permiten opinar, criticar, aportar, denunciar…Y por eso, ahora que las máscaras ya no venden, vemos la desnudez del rey y aún peor, la nuestra.