viernes, 16 de noviembre de 2007

cuarto de primaria

Hola, soy José Luis y este curso voy a cuarto. En tercero hicimos una excursión a Segovia y al Valle de los Caídos. Mi madre dice que ella en cuarto de EGB también hizo esa excursión y que le gustó mucho. Vimos muchos palacios, un acueducto y luego una iglesia muy grande. Hay un señor muerto en la iglesia. Solo me acuerdo que al entrar la seño nos dijo que “¡cuidado con dónde pisábamos!”.También hicimos otra excursión al zoo de Madrid y vimos hasta camellos. Me acordé de un cuento que un día me contó mi madre. “Es un camellito que le dice a su mamá: ¿Por qué los camellos tenemos las patas tan largas? Y dice su madre: Para poder andar mejor por el desierto. ¿Y por qué tenemos las pestañas tan grandes? Para protegernos de la arena del desierto. ¿Y por qué tenemos joroba? Para poder guardar el agua y sobrevivir en el desierto. Y entonces el camellito dice: ¿Entonces, mamá, que hacemos en el zoo?”Yo creo que hay mucha gente que no está en su sitio. Un día salía del cole una maestra gritando: ¡Estos chicos no te motivan nada! Y un señor que pasaba por la calle le contestó: ¡Señora, es usted quien tiene que motivarles a ellos! Yo no sé muy bien qué es eso de motivar, pero es que se calló y tenía toda la cara roja la profe. Cuando se lo conté a mi padre me dijo que él tiene un amigo que es médico, y que se queja mucho de que a su consulta solo vayan enfermos.Un día nos preguntó el tutor que qué queríamos ser de mayores, y yo le dije que quiero ser político o bombero. Mi padre dice que para bombero no vale cualquiera, que ya veremos. Hoy ha ido Leonor al colegio. Ella no tiene que pensar lo que va a ser de mayor. Es una suerte. Bueno, si tiene un hermano sí. Lo malo es que no puede ser bombera. Mi madre dijo que habían dicho en la tele que si unos ganaban las elecciones, pues que ponían un policía en cada colegio, y luego otros que también dijeron que si ganaban ellos pondrían un enfermero. Yo dije que era mejor que pusieran un bombero, así yo tendría trabajo de mayor. Mi padre solo decía: “Sí, y un organillero y una encajera de bolillos”. Él siempre dice que hay mucha gente en la escuela. Este año tendré que levantarme más temprano pues voy a un Programa que se llama “Madrugadores”. Bueno también comeré en el cole y luego me quedaré a otro que se llama “Trasnochadores”. Cuando salga me recogerá mi madre y me llevará a yudo. Yo prefería ir a fútbol, pero bueno... Un día dijo Marta que los padres que nos llevaban a yudo era para ahorrase las zapatillas. También daré clase de informática en una academia del barrio. Marta ya tenía este horario el año pasado. Una vez le dijo su padre que cada día que la veía estaba más grande.Ya tengo ordenador y así me entero de todo lo que pasa en mi barrio sin tener que salir de casa. Bueno, pero solo los sábados por la mañana porque los demás días estoy en el cole, o en yudo o en inglés. Los sábados por la tarde mis padres me llevan al pueblo con los abuelos. Ellos se van a otro sitio, pero luego vienen el domingo por la tarde y me recogen. A mis amigos les da envidia pues en el pueblo se está mejor, aunque no hay casi niños. Me aburro un poco.Hoy hemos ido a preguntar que si íbamos a dar Educación para la Ciudadanía y ha dicho el director que no, que aquí empezaremos el próximo curso. A lo mejor, ha dicho el director. Un chico de sexto dijo un día que había dicho Cañizares que no había que darla. Yo le dije que Cañizares no era maestro, y que nosotros no decimos si tiene que ir a la selección él o Casillas. Bueno, a veces sí lo decimos, pero es que de fútbol todo el mundo habla.

lunes, 12 de noviembre de 2007

relato breve

- Las maletas están vacías- dijo.
- Claro, vamos a una playa nudista.

domingo, 11 de noviembre de 2007

La escuela "a punto"

Hola, soy José Luis. Otra vez empieza el curso y escribo para que lo sepan. Ya estoy en tercero, o sea en primero de segundo de Primaria. Hace dos años, cuando escribí la primera carta, estaba con los mayores de los pequeños, el año pasado estaba con los pequeños de los mayores. Y ahora, no sé.
Creo que voy a cambiar de profesores, o maestros, o maestras, porque he cambiado de ciclo; pero no sé, creo que también es porque muchos se han ido a otro colegio. A lo mejor es que no les gustaba este, pero creo que nadie les ha preguntado. No sé. Creo que les dan puntos, y cuando tienen muchos se van. Mi prima tiene un móvil que también le dan puntos. Y mi padre dice que se los quitan si conduce mal. No sé.
El año pasado pintaron las paredes del patio. Está bonito el colegio, por fuera.
El año pasado hicimos cosas sobre Colón. Una fue un mural sobre el mar, con papeles de color azul. También hicimos un barco grande con cartones que nos dejó el frutero. Bueno, también nos dejó algunos el de la farmacia. Yo creo que así es mejor hacer cosas, cuando participa más gente.
Me han cambiado la mochila. Ahora voy menos encorvado porque es de las de ruedas. Mi padre dice que hay mucha gente que va encorvada. Me acuerdo de lo que decía hace dos años de los hombres primitivos. Lo único que, cuando bajamos las escaleras, todos a la vez, al salir del cole, es como si hubiera una tormenta, o una metralleta. Dura un buen rato. Lo digo porque a lo mejor hay alguien estudiando. Como es un colegio, por eso lo digo. María, la maestra de música dice que los romanos hacían los teatros con una forma para que no hubiera ruidos. Y se oía muy bien la obra de teatro. Y dice que eso hace dos mil años. Yo creo que es mentira, porque ahora los colegios no se hacen así. Bueno, a lo mejor es verdad.
Hay maestros y maestras que salen muy deprisa del cole. Yo creo que no hay peligro de que se caiga, porque tiene menos años que los teatros romanos. Es que un día lo dijo Tamara, y por eso.
Tamara tomó la comunión el año pasado. Este me toca a mí. Es una suerte, creo. Primero porque te dan muchos regalos y segundo porque te ponen un traje de mayor. Bueno, también porque faltamos mucho a clase. El año pasado, Tamara iba cada domingo a casa de un compañero a celebrarlo, y el lunes por la mañana la dejaban más tiempo en la cama. También muchos días iba el cura al cole. La clase de Tamara estaba muy adornada con los recuerdos de las comuniones: recordatorios, figuritas y muchos regalos. Lo único malo de tomar la comunión es que te dicen: " Si no te portas bien...". A mí me da igual, si no fuera por los regalos, claro.
Ahora somos más en clase, porque ha venido Susan, que es inglesa, y Ahmed, que es marroquí. Lo malo es que ninguno de los dos sabe español, y creo que los maestros tampoco saben la lengua de Ahmed. Bueno, no sé. A lo mejor sí. Pues como no tomen la comunión se van a aburrir mucho.
Han dicho en la tele que una niña estuvo encerrada ocho años, y cuando salió que sabía mucho. Y solo estuvo viendo la tele. A lo mejor por eso en casa nos ponen tanto tiempo delante de la tele y en el cole delante del ordenador. Si se aprende mucho, pues mejor.
También han dicho en la tele que unos señores que se llaman científicos han dicho que ya no hay nueve planetas, que hay ocho. Yo no sé si vale para algo lo que aprendemos si luego lo cambian. Yo creo que da igual, porque los planetas están muy lejos. Más que el colegio, creo. Por eso a mi siempre me llevan en coche, aunque siempre tardamos más en salir del garaje que en llegar.
Y gracias por publicarme mis cartas. Como me han dicho que tengo que ser bueno, por eso lo digo.

viernes, 2 de noviembre de 2007

me dejo navegar

Me dejo navegar en tu presencia,
inundándome de ti. De tus pupilas
hoy brotan las mañanas, mis deseos,
el beso enmascarado que nos une
y el hálito postrero que regalas.
Acaricio una a una tus palabras,
desgranando su hilo de ternura
la misma sequedad, las mismas cosas,
intentando el desencanto de la gracia
y el hechizo original que me abandona.


Desmadejo tus párpados, los hurto
cada haz de luz, cada recodo,
escruto así las celosías
que guardan el zarco despertar
nacido del fondo de la vida.
Aventuro los tímidos trasvases
de sombras y luces y quimeras,
y me dejo agasajar con tu mirada
afable, benévola, devota,
hostil, combatiente y retadora.

domingo, 28 de octubre de 2007

espero tus comentarios



La inutilidad del arte

La inconsistencia de la obra artística como valor de hecho se hace patente desde el instante en que despega de las manos del creador, quien se aproxima a su engendro con recelo y a sabiendas de que no será más que pura materia para la contemplación. El sentido que pueda tener su obra, viene dado únicamente por el observador y determinado por su buen o mal juicio. Es, pues, aventurado, adentrarse en el enigmático mundo de la valía de la obra artística per se.
Del inmenso piélago de creaciones, venimos a descubrir aquellas que más se acercan a nuestra visión de la vida y del universo, de las cosas, al paradigma de conocimiento que nos ha sido revelado desde nuestra llegada al mundo.

Cuando Paul Auster, el espigado autor americano, ahonda en la nulidad del arte desde el punto de vista práctico, asume que esa nulidad, o mejor inutilidad, es lo que le da el valor que se le atribuye. Al igual que Ionesco, quien afirmaba que “el teatro es inútil, pero su inutilidad es indispensable”. En su no ser, el arte llega a ser. Porque más que un mero producto elaborado, existe una evolución, proceso creativo, que es quien otorga al arte su sentido. Este proceso alcanza más allá de la profesión de artista, valga el contrasentido; sin embargo, las otras empresas que ocupan al ser humano no precisan orientar la atención a ese hacer, por cuanto hallamos significado tanto en el desarrollo del producto como en su posterior explotación.

El arte, inútil en su aspecto práctico, cobra todo el interés en ese proceso en que el creador se enfrenta consigo mismo en una espiral de imposibles, aceptando el insomnio y la locura para entretener su mente en una busca sin retorno. Al límite de las emociones, va abriendo brechas en el oscuro túnel de lo incierto, como el náufrago o el preso que no cesan en explorar el lugar recóndito por donde escapar de su yugo. Espejos cóncavos lo atrapan y entretienen mientras navega por sus desvelos con el único propósito de encontrar una rendija donde alcanzar un nuevo posible, en términos del italiano Héctor Fiorini.

Auster profundiza en esta idea observando que, precisamente, el acto creativo es lo que nos identifica como seres humanos. Es la esencia del ser. La creatividad, en su aspecto más lúdico y placentero, ahuyenta todos los males que aquejan a la especie humana, y que emergen con más fiereza aprovechando los destierros que nos concede esta era de las comunicaciones. Porque más allá de la individualidad, el grupo también enferma, del mismo modo, por ausencia de ideas, de creaciones. Permanece en un inmovilismo no solamente asumido, sino venerado hasta el punto de no admitir innovación alguna. Persiste, resiste, en una rutina admitida y custodiada con especial cuidado, permitiendo la parálisis en formas propias de épocas pasadas, despreciando cuantos recursos se le regalan, por miedo unas veces y para asegurar su pretendida supervivencia otras. De este modo, se contribuye a esa inmanencia en formas ancestrales. Se rechaza cualquier propuesta innovadora por considerarla peligrosa, cuando el verdadero peligro está en el propio grupo incapaz de asumir sus carencias y expandirse mediante la obra creativa, la iniciativa.

El arte, como proceso, adquiere uno de sus valores más preciados: se convierte en terapia. La creatividad nos da la posibilidad de sentirnos únicos desde la unicidad de nuestra obra; su negación nos mantiene sumisos a cuanto acontece; o lo que es lo mismo, enfermos. En su sentido catártico la obra de arte nos suscita un sentimiento de purificación y liberación.

Insiste el escritor americano en que esta necesidad de hacer, de crear, es un impulso humano fundamental. A decir verdad, así es y así nos lo muestra la pléyade de inventos que cada día nos inunda. Pero si observamos a las personas en su inmovilismo social, al grupo en su rigidez atávica, nos surgen importantes dudas. Entonces, decía Gandhi, “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.