viernes, 14 de enero de 2011

...te obligan a aprobar?...piénsatelo.

Me veo en la necesidad de comentar lo que vengo leyendo en algunos foros respecto de la presión que algunos compañeros dicen sentir en relación a las evaluaciones.

Al parecer, son muchos los profesores que se sienten coaccionados para aprobar a muchos alumnos que no lo merecen. Tanto, que en el Acta de Evaluación de un grupo de 1º ESO de un centro cualquiera, como el Tutor se negaba a firmar tantos aprobados, el Director, extrañado, se lo dijo al Inspector de zona quien, desconcertado, se lo comunicó al Inspector Jefe, que, sobrecogido, a su vez, lo puso en conocimiento del Director Provincial de turno- todos de la misma cuerda, claro-. Este, sorprendido, lo hizo saber al Consejero de Educación de su Comunidad (para eso son las transferencias), quien, aún más asombrado, informó al Ministro de Educación (socialista tenía que ser), quien realmente impresionado, lo comunicó en Consejo de Ministros al mismísimo Presidente. No os lo vais a creer, pero con el fin de que aprobasen la mayoría de los alumnos, sin merecerlo-claro está-, el propio ZP (culpable del próximo fin del mundo e incluso de los anteriores), se entrevistó personalmente con el Ministro, habló con el Consejero de Educación, conversó con el Director Provincial, departió con el Inspector Jefe, comentó con el Inspector de zona, dialogó con el Director del Centro y, finalmente, platicó con el Tutor del grupo. No obteniendo una respuesta positiva de éste para aprobar a más alumnos de los que verdaderamente lo merecían, pidió el Acta al Director del Centro y él mismo, - con el talante que le caracteriza como causante de la desaparición del oso polar y de la aparicion de la niebla en Londres-, estampó su rúbrica en la casilla de aquel sin que nadie en la cadena de mando (perdón, de sumisión), se atreviese a pestañear. Así nos va y así os lo cuento, como me lo contó Fray Gerundio de Campazas.

viernes, 7 de enero de 2011

reflexiones de un ateo

Dice Benedicto XVI que la ciencia no puede explicar el origen del universo. Y tiene razón. Como la tenían sus antecesores cuando negaban el movimiento de rotación de la Tierra o la doble circulación de la sangre. Más aún, no solo negaban todo aquello que la ciencia no conseguía explicar, sino que quien osaba adelantarse un paso a sus creencias era asado vivo, y no es un recurso literario.
La iglesia, que tiene recursos para todo, va muy por delante de la ciencia en esta hermenéutica sobre todo aquello que nos rodea y que aún, seguimos evolucionando, no podemos explicarnos. El principal recurso del clero se llama "fe". Mediante un extraño proceso cualquiera puede llegar a comprender o no, da igual, que una persona sea una y tres a la vez, por ejemplo. Porque ni siquiera importa que lo entienda sino que lo acepte porque sí, lo que le augura, además, una segunda vida más feliz que ésta (que no es tan difícil, digo yo).
Tampoco parece importar mucho, y eso es lo paradójico, que buena parte de quienes son capaces de realizar tales actos de fe, se pasen por el arco de triunfo mandamientos y más normas de su iglesia. No hace falta ir a Salamanca para entender que, a pié de calle, sería más coherente corresponder a esas creencias con una conducta ejemplar y ajustada a dichas normas que enfrascarse en intentar buscar a los dioses más allá de los pucheros, donde Teresa de Ávila siempre lo encontraba.
Afortunadamente, los tiempos cambian, la iglesia en su lento caminar hacia no se sabe dónde, ha descartado seguir haciendo fallas con personas, lo que es un gran avance. Persiste, eso sí, en recordarnos que son más listos que el resto, por eso de que disponen de un método particular. También es verdad que no tienen mucho más recorrido, sus “políticas” no venden, sus estrategias no convencen y sus maneras distan mucho de aquellas que se predican en los libros que les sirven de referencia. O les falla la exégesis o no les interesa el evangelio de sandalia. Y es que, nada es igual desde que no hay leones en la arena.

Comentarios
Miguel dijo...


La verdad es que no sé por qué la iglesia se empeña en cegarse y no ver la realidad. Bien está que uno tenga sus creencias, su fe, y sus credos, pero ¡Válgame Dios! lo evidente no se puede discutir. Y los hechos y cuestiones pasan a ser evidencias cuando se demuestra su causa. Y así pasa, que la iglesia ha hecho oídos sordos a los descubrimientos no sé bien en base a qué, y esto ha propiciado que muchas personas se apartaran de la iglesia. Por eso pienso yo que no estaría mal, para ganar adeptos, que aceptaran los avances científicos como asuntos probados y verdaderos y que mantuvieran en la fe aquello insondable para la ciencia.
Un abrazo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

más madera

El profesor Keatig, por muchos años que tenga la película, no inventó nada. Por tanto, nadie se apunta a un carro que desconoce, sino que, en todo caso, lo que hace es reafirmarnos en algo que veníamos haciendo o estaba ya en nuestro ADN para cuando fuésemos loq ue ahora somos: maestros.
Personalmente no me avergüenzo en absoluto de huir de métodos tradiconales ni considero que sean mejores que otros. Insisto, no voy a prescindir de ningún recurso, por muchos calificativos que se les ponga. Y tampoco voy a prescindir del esfuerzo, ni de la memoria, algo que en modo alguno se intuye en esta cinta. No tergiversemos y no hagamos interpretaciones en base a no se sabe qué. Por otra parte, no veo que esa película y otras parecidas hayan influido en profesor alguno. Estamos muy por encima de lo que se le pueda ocurrir a un director de cine, faltaría más. Sencillamente porque tampoco me ha dado nunca por matar romanos o cristianos viendo películas del género. Desconozco si alguien ha bajado a ese nivel de “absorción”, y pensar que alguien puede caer en él me semeja un principio de prepotencia.
En todo caso, no me parece ninguna atrocidad, bien al contrario, que a un grupo de adolescentes se les motive, se les oriente, se les “provoque” desde la literatura, o desde la música en “Los chicos del coro”. Algunos chicos no están por las subordinadas de relativo, pero disfrutan enredando con cables o motores. ¿No es mejor llegar a ellos por esas materias y orientarles en lo que relamente les va a hacer felices en lugar amargarles la existencia con contenidos absurdos? Claro, que un mecánico que sepa analizar una subordinada de relativo debe de ser la leche. Mañana le pregunto al que me va a pasar la ITV.

martes, 21 de diciembre de 2010

poetas memos...?

He leído un artículo titulado "El club de los poetas memos..., quiero decir, muertos- tenéis el enlace aquí al lado. Y se me ocurrió esto.
He visto la película más de veinte veces y podría citar de memoria varios fragmentos. Dicho lo cual, me parece un exceso hablar de “manipulación” y otras “-ciones”. Como película que es, necesita de una abstracción, pues difícilmente se puede resumir en noventa minutos toda una experiencia educativa como la que se pretende mostrar. Si no somos capaces de ver más allá de la sonrisa de Keating o de la bruma del bosque, pésima crítica se puede realizar.
¿En qué parte de la película se hace alusión al no-esfuerzo, a la no-autoridad…? Bien al contrario, se incide constantemente en estos valores. Recuerden la escena de la llamada…”de Dios”. Recuerden la reprimenda de Keating porque, precisamente, no han sabido comprender su mensaje.
¿Por qué la enseñanza ha de ser necesariamente aburrida, repetitiva y desmotivadora? ¿Creen que alguien puede hacer un Posgrado, en un aula sin pupitres ni sillas, sin libros…, de forma dinámica, motivadora, trabajando los contenidos de forma práctica…? Pues si, eso existe y desde hace muchos años. Claro que, ha de llover mucho antes de que llegue a nuestra Universidad, tan tradicional ella. Puede un chico de ESO aprender poesía sin necesidad de recitar de memoria “La vida es sueño”? ¿Puede aprenderla jugando con los versos, creando, relacionándola con otras áreas…? Y cuando llegue el momento, si tiene que aprenderse el monólogo de Segismundo,… ¿por qué no?
Considero que debemos aprovechar todos los recursos a nuestro alcance, y no limitarnos a un solo método. Eso es lo que yo, personalmente, veo en la película, que no hay que descartar nada; que en ningún caso debemos estar condicionados por los demás, que nuestra vida es nuestra y la felicidad no está en el número de títulos que tengamos en la pared ni en la cuenta bancaria (cada uno tiene sus valores). Más bien, nuestra felicidad, la de nuestros alumnos, va a estar en que hagan lo que realmente quieren hacer y en eso, sea lo que fuere, intenten ser los mejores. Esta misma tarde he estado montando con un grupo de chicos un escenario para la fiesta de mañana. Os aseguro que en este momento no hay nadie más feliz que ellos en todo el mundo. ¿Por qué he de atosigarlos con subordinadas de relativo o logaritmos neperianos si prefieren estar entre cables y máquinas y a buen seguro que serán grandes profesionales de la carpintería, o la mecánica…y además ganarán más que yo? Y seguro, que con esa disposición que tienen, jamás estarán en paro. Un empresario, yo si lo fuera, contrataría antes a una persona hábil, que disfruta con su trabajo, que produce, antes que a alguien con un currículum brillante que no es capaz de resolver un problema, que no tiene alternativas, que no ve posibilidades…Y eso, eso se aprende viviendo, experimentando, creando, inventando…Y eso, por ahora, la escuela no lo proporciona. Ya sabemos cómo generar problemas donde no los hay, ahora necesitamos profesionales que tengan otra opción, una mirada divergente ante los problemas. En educación también necesitamos personas así. Lo otro ya nos lo sabemos; y los que hemos vivido ambas “películas” entendemos que no se debe renunciar a nada.
Por cierto, pasados ya diez años del posgrado, sería capaz de recordar y explicar una buena parte de las cincuenta unidades de que constaba. ¿Por qué será que lo que experimentamos se fija mejor que lo que solamente memorizamos? Cuantos más sentidos ponemos en lo que hacemos, más y mejor lo asimilamos. Eso es lo que acierto a ver en la película, pero la subjetividad es libre y la parte que no se cuenta, que se intuye, cada uno es libre de interpretarla como quiera. Hay quienes no comprenden “El cabo del miedo” ( R. de Niro), porque se perdieron algo que no aparece en la película, y es lo ocurrió en los catorce años anteriores a los hechos que se muestran, y sin lo que no tiene sentido alguno. Si “El club de los poetas muertos” hubiera querido mostrar todo un método pedagógico, hubiera sido una serie de unos 200 capítulos. La mirada convergente nos deja en la anécdota, la divergente nos permite ver un poco más allá. Eso también se aprende en la escuela, si no te limitas a cantar la tabla de multiplicar, claro.

lunes, 20 de diciembre de 2010

gracias Yolanda

Yolanda dijo...


CANCIÓN DEL NIÑO JESÚS

Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera
para que el niño la viera...

Si la palmera tuviera
las patas del borriquillo,
las alas de Gabrielillo,
para cuando el Niño quiera
correr, volar a su vera...
Si la palmera supiera
que sus palmas algún día...
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira... Si ella tuviera...
Si la palmera pudiera...
...la palmera...

GERARDO DIEGO

lunes, 20 diciembre, 2010