jueves, 17 de marzo de 2011

Josefina "Aldecoa"

Ante todo, su mirada señorial reivindicando los principios de la Institución Libre de Enseñanza que, ¡tiene bemoles!, cómo se dejaron la piel aquellos de la generación del 50 para mantener viva esa llama con la intención de "Me gusta la juventud, su rebeldía y su inconformismo". O como dice su propia hija: "Enseñar a los niños a ser personas".
Josefina Rodríguez, Aldecoa es de su marido Ignacio, vió cómo fusilaban a uno de sus profesores y desde entonces, en un silencio casi monacal,  ha trabajado con un compromiso social y ético memorable.
Doctora en Pedagogía, basta acercarse a su obra para comprender qué era para ella la escuela, reflejada tan magistralmente en "Historia de una maestra". Leemos, no entre líneas porque Josefina no se escondía, la sociedad española que le tocó vivir.
Comprometida con la enseñanza hasta los tuétanos, maestra de maestros y luchadora, mientras pudo-solo la retiró una enfermedad-, contra la censura en una época de represión.
Interesante su tesis sobre la relación del niño con el arte: "El arte del niño". Os invito, compañeros maestros y profesores a que os acerquéis a la vida y a la obra de Josefina. Nos queda mucho por aprender.
(Quizás a muchos ni les suene su nombre, ¿?, o para otros solamente sea una "pedaboba").

domingo, 13 de marzo de 2011

nuevos gurús en la escuela

De un tiempo a esta parte, paseando por al red, nos encontramos con una camarilla de salvadores de la patria que, por su condición de profesores, tratan de convertirse en adalides para salvarnos de la nefasta educación que todos sufrimos.
Dicho así, solo merecen nuestro halago y admiración por atreverse a abordar tamaña empresa, más cuando el conformismo y el contento en que habitamos, posibilitan nuestro permanecer impávidos ante tantos atropellos como sufre nuestra escuela.
Cualquiera diría, a juzgar por la ebullición de su sangre, que nos encontramos ante una nueva generación, que podríamos denominar “sí-sí”: sí que luchamos por lo que queremos y sí nos rebelamos contra los ultrajes a la educación. Podríamos pensar, lógicamente, que se trata de jóvenes, aunque sobradamente preparados, que se han echado al monte-como otros hicimos a temprana edad- para denunciar tantas y tantas ofensivas a nuestro sistema educativo. Los imaginamos escuchando a Jarcha y leyendo a Blas de Otero con una pasión desbordada.
Y no, no se trata de jovenzuelos luchadores, rebeldes, insumisos que siguiendo las leyes de comportamiento no hacen sino embarcarse en lo que les pide el cuerpo en ese momento, como a todos. No, se trata de una generación que mayormente supera los cuarenta, los cincuenta…que parece haber descubierto la piedra filosofal. De repente han despertado de un largo letargo para informarnos, mansa novedad, de que nuestro sistema educativo deja mucho que desear. Y uno, en esta tesitura, no sabe si aplaudir para complacerlos o llorar de pena ante espectáculo tan surrealista.
¿Cuál es su modus operandi? Rajar. Sí, rajar de todo lo que se mueva. Rajan del sistema, especialmente de la LOGSE, que no de la LOCE, y de todos sus hacedores; rajan del ministro de educación sea quien fuere, sobre todo si es de un partido lejano a la derecha, eso es coherencia; rajan de los equipos directivos que, al parecer no les dejan realizar su labor como quisieran; rajan de la inspección, de los psicólogos, de los pedagogos; de los cursos de formación, que no de los sexenios; de los alumnos, por supuesto, que les hacen la vida imposible; de teorías educativas varias; de los medios de comunicación; de los horarios, los recreos, las competencias, las tutorías, las asociaciones de padres, las nuevas tecnologías, los libros de texto,…
Vamos, que nadie querría encontrárselos a solas en un callejón oscuro. Por si fuera poco, se lamentan de haber escogido esta profesión y, también, rajan de quienes vocacionalmente así lo decidimos en su día. Han descubierto, ¡válgame el cielo!, a sus años, ese coraje que, presumiblemente derrocharon en su juventud. Nunca es tarde. Como quiera que llegan tarde a la rebeldía, no saben cómo encauzar tanto odio a cuanto se mueve en educación. Por eso rajan, rajan y rajan, y vuelven a rajar y seguirán rajando por los siglos de los siglos.
Intentan, más vale tarde que nunca, recuperar ese espíritu que movió al mundo a occidental a sublevarse hace ya algunas décadas, cuando aún estos nuestros salvadores no peinaban canas.
Si hubieran aprovechado aquellos maravillosos años para enfrentarse a la autoridad y apechar con las consecuencias; si hubieran renunciado a trabajos por dignidad; si hubieran rechazado trabajos por coherencia a las ideas que ahora venden pero nadie les compra; si hubieran plantado cara a un director, a un inspector, a alguien en toda su vida, no estarían perdiendo el tiempo en habladurías propias de patio de vecinos, ya se cite a Belén Esteban o al mismísimo Aristóteles.
Si por casualidad te cruzas con ellos, no te queda otra opción: dales la razón en todo, por estrambótico que te parezca, ya te digan que el paidocentrismo es una aberración o que empatizar con el alumno es propio de pederastas (no invento nada). Como no saben canalizar tanta energía, tensan el arco antes de divisar la diana, por eso yerran con tanta facilidad, equivocándose de enemigo continuamente.
Cuando el magisterio precisa de complicidad entre todos los que a él nos dedicamos; cuando no cabe hablar de diferencias en los métodos sino de coincidencias en las reivindicaciones; cuando es preciso delatar al enemigo común en lugar de enzarzarnos en discusiones bizantinas, la única propuesta de esta camada de sabios es rajar. Todos conocemos qué es lo que no les gusta del sistema: nada les gusta. Nadie conoce una sola propuesta para cambiar algo de algo del propio sistema.
Sea como fuere, es bueno que cuenten con nuestro apoyo, pues estas ocurrencias sacadas de nobles ideas del pasado solo venden en Egipto, Túnez, Libia…Ahora, gracias a mentes tan lúcidas, también en este país nuestro que, precisamente, no adolece de falta se salvadores patrios. Por si fuera poco, les verán anunciar el fin del mundo cada media hora y lanzar consignas como el insulto y la descalificación; eso cuando no invitan directamente a la violencia, que también.
¡Cuidémosles de los Idus de Marzo!, nunca mejor dicho.

sábado, 5 de marzo de 2011

con-vivencia

Se ahonda de nuevo en el tema de la disciplina en los centros. Desde luego, estamos inmersos en un ambiente poco propicio para desarrollar nuestro trabajo. Sin embargo, ¿por qué este ambiente es muy diferente de unos centros a otros? En los Planes de Convivencia de los Centros se recoge detalladamente el modo de actuar ante cualquier conflicto, sea este falta leve, grave o delito. Si conocemos este proceso solo nos resta aplicarlo. Hay Centros en los que esto resulta harto difícil pues se arguye que ese proceso es difícil, que lo es, por complicado (burocracia mayormente). Si acallamos ante esa primera dificultad estamos aceptando trabajar en un clima áspero y muy delicado. Si, por el contrario, insistimos en que el proceso, sea más o menos farragoso, se lleve a cabo, estaremos dando un paso importante, no solo por nosotros sino por todo el colectivo.
Es muy difícil pero no imposible. Todo depende del grado de compromiso que tengamos y de nuestra disposición a agilizar trámites. Es triste, ciertamente, que para ello haya que “convencer” al equipo directivo de evidencias; pero, si es preciso, se hace y si alguien queda en evidencia son ellos.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que por muy indeseable que sea una persona, su “condena” exige unos trámites. Hace unas décadas no eran necesarios, pero en eso me alegro de que hayamos avanzado.
Personalmente he vivido las dos experiencias. En un Centro, si bien no conseguí que cambiara el modo de actuar, al menos quedaron los partes que yo abrí a algunos alumnos: mi trabajo estaba hecho, nadie puede echarme en cara que me quedara cruzado de brazos. En otro, tuve la suerte de trabajar con un equipo directivo que no pasaba ni media y, a pesar de tener que lidiar con un grupo más que difícil, la tarea se hizo más llevadera gracias a que en lugar de poner obstáculos me animaban a tomar decisiones, abrir los partes que fueran precisos. Seguidamente se convocaba de urgencia la Comisión de Convivencia, se nombraba al profesor que llevaría el caso y, sí que es verdad que pasaban varios días, el alumno se iba a su casa durante 20 días. Esto ocurrió con dos alumnos. Y resultando que uno vino con más chulería de la que se llevó con el primer expediente, se le abrió otro y de nuevo 20 días en casita. Todos sabemos que los padres de estos individuos no están dispuestos a aguantarlos tanto tiempo, así es que si no a la primera, a la segunda, los tenemos de colaboradores. Mientras cambiamos el mundo, vamos a hacer cada uno nuestra parte y exigir que los demás hagan la suya. La responsabilidad es de todos.

jueves, 3 de marzo de 2011

más que parados, quietos.

(Publicado en Deseducativos)

No puedo estar más de acuerdo con su artículo, David. Ahora nos damos cuenta de que el problema no reside en uno o en otro partido, como algunos tratan de justificar, sino del sistema al que todos se apuntan y del que todos comen.
Tan es así que, como dice, esto viene de largo, lo que parece deshacer las argumentaciones que trataban de convertir a Zapatero en el culpable de todos nuestros males y, al propio tiempo, nos avisa de que la derecha no podrá hacer mucho por cambiar en 2012, en el caso de que no les toque salir otra vez al balcón de Génova a celebrar otra derrota. Ya vimos lo que hicieron en otro momento.
Por otra parte, como dice Manuel, “creo que olvidas uno de los problemas fundamentales, la muy mayoritaria aceptación por parte del profesorado (de donde debería surgir la necesidad de cambio y llevarlo a la práctica en los centros) de las reglas del juego”. Esto lo hemos evidenciado en numerosas ocasiones pero, como los “pedabobos” (expresión que alcanza el clímax de la creatividad), no nos dejan ver el bosque, no pasamos de ahí, de la palabrería. Eso cuando no viene un ilustrado a deducir que de esa expresión se deduce que los profesores somos los culpables. Pues no sé si tenemos algo de culpa, si somos parte del problema; en lo que coincido con usted es en que sí somos parte de la solución. Y, repito, nadie va a venir a sacarnos las castañas del fuego.
Ya alabé la valentía de los compañeros murcianos, sea cual fuere su reivindicación. Y sí se podría avanzar si todos estuviésemos dispuestos a secundar una protesta contra este sistema que nada favorece nuestra, cada vez más penosa educación. Para ello, en primer lugar nos tenemos que poner de acuerdo, no en si son galgos o podencos-ahí se nos van las fuerzas-, sino en lo que pretendemos, más allá de diferencias en el método particular, que ya se podrá debatir más tarde. ¿Cómo se pueden aunar fuerzas desde la verdad absoluta, desde el insulto, desde la descalificación a los pedagogos, a los que consideramos al alumno como protagonista, a los que hablan de vocación, a las que rechazan a todos los teóricos no afines a su ideología, a los que no están por mirar más allá y descubrir que hay otro mundo en educación…? ¿Es delito que se pida mayor equidad y práctica?, ¿Es delito que en el proceso de enseñanza se considere necesario empatizar con el alumno? Debe serlo cuando en lugar de rebatirlo con argumentos, hay quien se dedica a descalificar e incluso insultar por ello. ¿Qué pensarán de quien dice que “el niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a la vida? No quiero ni imaginármelo. Por menos de eso te llaman “pederasta”. ¿Qué pensarán estos “no-pedabobos” de quien sobre la educación de los niños dice que “Lo único importante es encontrar el juguete que llevan dentro”? O “Hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación”. Y “el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar”. ¿No es esto lo que llamamos “empatía”?
Igualmente, Mª Ángeles Pérez incide en lo mismo, la resignación en la que nos encontramos. Como dice, existe el miedo a protestar por las posibles represalias. Es el pago que tenemos que asumir, y ese paso nadie lo va a dar por nosotros. Los sindicatos no van a solucionarnos nada, así es que hemos de estar dispuestos a asumir riesgos. Y no creo que eso se deba hacer desde la cobardía del anonimato. Cuando un colectivo considera que está en posesión de la verdad no debe pensar en las consecuencias, sino reivindicar esa verdad y luego denunciar las represalias y amenazas. Las hemerotecas están llenas de protestas de estudiantes en los 80 e incluso en los 90; y también de los profesores. Hoy no se mueve nadie por otro, ya esté con una depresión de caballo.
Hay que decir a cada uno, al menos se les caerá la cara de vergüenza, lo que convenga en cada caso: corrupciones varias, trapicheos, liberaciones, mangoneos…Y, al mismo tiempo, actuar para ir cambiando paulatinamente el sistema.
Nadie dijo que fuera fácil ni que salga gratis, los pequeños pasos que damos son a base de grandes tortazos. Aún así, vale la pena. ¡Quien lo probó lo sabe! Quien no lo probó habla y habla y habla…pero su palabrería, como usted dice, no sale de la cantina. ¡Para ese viaje no necesitamos alforjas!
Lo dicho: ¡Gracias por el artículo, David!

domingo, 27 de febrero de 2011

...y tú más, claro.

Lógicamente, yerra más quien más flechas lanza. Ahora bien, ¿es más certero el arquero que permanece bajo el árbol, a la sombra, viendo como su adversario unas las clava y otras no?
Ahora va a resultar que es peor quien, por mayoría de votos de los ciudadanos, ha gobernado la mayor parte del tiempo que llevamos en democracia. ¿No es una incongruencia? ¿No es propio de demagogos?
Va a ser por eso que nos dedicamos a hablar y no hacemos nada por salir de tan trágica situación, esperando que vengan otros, no se sabe quién, a librarnos de las garras de los “logsianos”, “pedabobos” y “pederastas”. Y ellos, los que a veces aciertan, a veces fallan, son los culpables y no nosotros que estamos comiendo la sopa boba y criticando todo lo que pasa ante nuestras narices por nauseabundo que sea y sin intención de apartarlo.
No puedo aceptar el tan manido, o manoseado “Y tú más” como argumento. Por desgracia nuestros políticos se superan cada día, colores aparte. No me atrevería a decir quién es más. Si acaso hubiera una vara de medir esa sería el resultado de las urnas, a menos que pretendamos erigirnos en poseedores de la verdad absoluta y desestimar al resto de ciudadadanos que no piensan como nosotros. ¿Eso es demagogia o prepotencia? Y eso que, me apuesto un euro, a que siendo una persona imputada la pretendiente a la Presidencia de Valencia, será elegida por mayoría. Es lo que tiene la democracia. Claro, siempre que, ¡vaya suerte!, hayas cometido uno o varios delitos y, por arte de birlibirloque, te levantas una mañana y han prescrito. ¡No es para aplaudir con las orejas!
Ya ven, así son las transferencias y así se las hemos contado. Y, casualmente, la educación está transferida a las Comunidades Autónomas y algo tendrán que decir estas sobre conciertos (no de música), sobre separación de niños y niñas, sobre penosas condiciones de trabajo y otras deficiencias.
Nuestros políticos tienen una responsabildad, unos por gobernar y otros por “fiscalizar” ese gobierno desde la oposición. No creo que se pueda alabar al arquero que plácidamente toma la sombra esperando ver pasar el cadáver de su enemigo. Más que nada porque, como suele pasar, acaba viendo pasar el suyo en innumerables ocasiones. De ahí que hayamos asistido a tantos apocalipsis, “¡ya lo dije yo!”, profetizados por quien mira la vida pasar, en este caso la muerte, aventurando si el arquero hará diana con la próxima flecha. Eso sí, a 240.000 la tirada, ¡ahí me las den todas! En realidad ¿Será por eso que tampoco hacen mucho por gobernar, lo que les ataría a un único sueldo? ¡Va a ser eso!

Comentarios

Profesor girafales dijo...
Estoy de acuerdo contigo. Además, pienso que buena parte de culpa de la falta de calidad de nuestra clase política, de la existencia de la cultura del pelotazo... lo tiene nuestro actual sistema electoral, proveniente de una época en la que sí hacía falta más estabilidad, pero hoy en día lo que propicia es el bipartidismo y la representación territorial, desechando otras opciones políticas. Si tuvieran más competencia, como en la vida misma, deberían esforzarse en formarse más y actuar mejor, más éticamente. ¿Para qué van a reformar el sistema o ciertas leyes si saben que tarde o temprano volverán al poder? Lo saben tanto unos como otros.
domingo, 27 febrero, 2011

sábado, 19 de febrero de 2011

hay vida fuera

(Comentario en Deseducativos)
A pesar de que la red está llena de blogueros que apoyan estas premisas, agradezco que alguien, alguien más, coincida en mi visión de la educación en este foro.
Más de una vez he criticado esa enseñanza tradicional que, en pleno siglo XXI, insiste en mantener al profesor como único protagonista, dejando al alumno a su suerte. Claro que con esfuerzo y disciplina puede conseguir lo que quiera, por muy plomiza que sea la exposición del maestro. ¿Pero por qué tiene que soportar eso si se puede evitar?
No gusta leer que el protagonista es el alumno, quien en definitiva es el beneficiado o el perjudicado en esta historia. Y siendo eso así, cabe pensar que ya no vale aquello de meter contenidos en la cabeza del discente y que este, posteriormente, lo plasme con rigurosa precisión en un papel. No sabemos si esa prueba es suficiente para mostrar algo más que la posesión de una prodigiosa memoria, ni si esta actúa a corto o largo plazo, en cuyo caso, si el fin es el aprobado, habremos sembrado en terreno baldío.
¿Cómo, entonces, conocer si los contenidos, además de entendidos han sido asimilados? Evidenciándolo mediante la práctica, experimentando.
Un futuro médico puede saberse el vademécum de memoria pero, ¿qué le aporta eso sino el evitar perder unos segundos en su consulta? ¿de qué le sirve que alguien le predique bondades sobre la cirugía si no ha tenido oportunidad de practicar por sí mismo?
¿Se puede hacer un postgrado sin tomar un solo apunte? Sí, yo lo he hecho. Claro, que para eso hay que estar dispuesto a abrir un poquito la mente y creer que hay vida más allá de la enseñanza tradicional. ¿Cuál es, entonces, el procedimiento? Lo dicho, experimentar y vivenciar al tiempo que se aprende, algo para lo que nuestra escuela aún no está preparada porque esas palabras suenan lejanas o peor, casi agresivas, basadas en “ideología progre”, ideada por “psicopedabobos”, que nos sitúan en el “fascismo”, bajo la presión “inquisitorial”, sometidos a las peores de las torturas. Esto, solo por mostrar algunas de las perlas que, quienes carecen de argumentos, dedican a quienes, ¿qué delito cometemos?, creemos en una educación no estancada en modelos tradicionales. Y por supuesto evitando expresiones como “empatizar con el alumno”, tan defendida en la inmensa mayoría de los foros educativos pero que aquí nos ha valido el calificativo de “pederasta”. En fin, poco se puede avanzar si todo lo que se arguye es descalificar e insultar a quien aporta algo más que la eterna cantinela de que los malos siempre son los demás.
Como bien dices, hay que adaptar la educación a los tiempos y a las nuevas necesidades demandadas; lejos de las del siglo pasado, que en su momento sí podrían tener sentido, pero eso no es argumento para mantenerlas por los siglos. El hombre de las cavernas estaba feliz allí dentro, lejos de peligros y protegido de las inclemencias meteorológicas. Menos mal que un día decidió salir a tomar el aire, abrir su mente y arriesgarse a sobrevivir en otros medios. ¡Y no le salió gratis, pero valió la pena! Lo mismo que aquel loco que se atrevió a mirar un poco más allá de Finisterre, o el otro que se enfrentó a la iglesia con la ciencia en la mano.
Hay vida más allá de la caverna pero, para descubrirla, hay que estar dispuesto a reconocer que nadie está en posesión de la verdad absoluta y, menos aún, atacar a quien aporta su verdad relativa por sorprendente que parezca.
“Involúcrame y lo aprenderé”. Esa es la clave.
Saludos.

Comentarios
Fernando dijo...
Muy buena reflexión Javi, totalmente de acuerdo contigo, hay que involucrarlos y despertar su interés. Somos la generación con más medios y estamos muy preparados, podemos hacerlo, sólo hay que querer

Raquel Vadillo Sierra dijo...
Tú lo has dicho. ;-)