jueves, 5 de abril de 2012

Váyase a la mierda...

Artículo redactado por un funcionario del Grupo A. Difícilmente se puede expresar mejor la situación actual. Un saludo.
Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.
Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.
La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del estado, inspector de hacienda, administrador civil del estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a toca teja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 1000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un taxista que gana 3000 le diga joder, que suerte, funcionario.
La culpa es nuestra. A poco que nos descuidemos nosotros los funcionarios seremos el chivo expiatorio de toda una caterva de inútiles, vividores, mangantes, políticos semianalfabetos, altos cargos de nombramiento digital, truhanes, pícaros, periodistas ganapanes y economistas de a verlas venir que sabían perfectamente que el asunto tarde o temprano tenía que petar, pero que aprovecharon a fondo el momento al grito de mientras dure dura! y que ahora, con esa autoridad que da tener un rostro a prueba de bomba, se pasan al otro lado del río y no sólo tienen recetas para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a estropear, sino que, además, han llegado a la conclusión de que los culpables son... tachan...los funcionarios.
Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante: tengo cinco títulos distintos. Ganados compitiendo en buena lid contra miles de candidatos. ¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada. No debo nada a nadie (sólo a mi familia, maestros y profesores). No tengo que pedir perdón. No me tocó la lotería. No gané el premio gordo en una tómbola. No me expropiaron una finca. No me nombraron alto cargo, director provincial ni vocal asesor por agitar un carnet político que nunca he tenido.
Aprobé frente a tribunales formados por ceñudos señores a los que no conocía de nada. En buena lid: sin concejal proclive, pariente político, mano protectora ni favor de amigo. Después de muchas noches de desvelos, angustias y desvaríos y con la sola e inestimable compañía de mis santos cojones. Como tantos y tantos compañeros anónimos repartidos por toda España a los que ahora algunos mendaces quieren convertir, por arte de birli-birloque, en culpables de la crisis.
Amigos funcionarios, estamos rodeados de gente muy tonta y muy hija de puta.

PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es frecuente- vuestra condición de funcionario os propongo el refinado argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran Fernando Fernán-Gómez: váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta mierda.

SI eres funcionario pásalo a toda España.

Comentarios


YolandaApr 5, 2012 03:12 PM
¡Olé! Qué texto tan preciso, tan lúcido, tan necesario... Todos los que tenemos un puesto de funcionario ganado a pulso somos el blanco de las iras de quienes se llenaron los bolsillos en la época de vacas gordas. Pasaron de mirarnos por encima del hombro a considerarnos privilegiados. Alguien muy cercano a mí presumía de ganar una millonada y ahora se ve obligada a pedir dinero, echa la culpa a los socialistas, claro, faltaría más... ¿Qué será lo siguiente? Nosotros no podemos defendernos, nos tienen bien cogidos. Las drásticas medidas de ajuste (menudo eufemismo) me recuerdan al final de "La vuelta al mundo en 80 días": para que el barco llegue a puerto han de quemarlo prácticamente entero. ¿Y luego qué? ¿En qué astillero se recompone algo sin nada, sin madera, sin combustible, sin material? ¡Ya sé! ¡Se lo compraremos a los chinos!
Ay, qué pena y qué indignación... Un saludo.




miércoles, 4 de abril de 2012

ya somos 20.000

Gracias por visitar el blog.
Esperamos vuestros comentarios y aportaciones.

viernes, 30 de marzo de 2012

21,2


En el "sorteo" de los Presupuestos del Estado para 2012 (a fecha de 30 de marzo, que ya es para no echar gota), a la Educación nos ha correspondido un recorte del 21,2%.
Y con estos mimbres tenemos que preparar a las próximas generaciones para quién sabe qué. ¡Que alguien nos explique cuál es nuestro trabajo a partir de ahora y, sobre todo, cómo hacerlo! La Educación es algo demasiado serio como para que las decisiones últimas, también las primeras, estén en manos de los políticos.

domingo, 18 de marzo de 2012

Refranes para gente muy culta

Más vale plumífero volador en fosa metacarpiana, que segunda potencia de diez pululando por el espacio.
(Más vale pájaro en mano, que cien volando)

Crustáceo Decápodo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por el ímpetu marino.
(Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente)

Relátame con quién deambulas y te manifestaré tu idiosincrasia.
(Dime con quién andas y te diré quién eres)

A perturbación ciclónica en el seno ambiental, rostro jocundo.
(Al mal tiempo, buena cara)

H2O que no has de ingurgitar, permítele que discurra por su cauce.
(Agua que no has de beber, déjala correr)

Ocúpate de la alimentación de las aves córvidas y estas te extirparán las estructuras de las fosas orbitarias que perciben los estímulos visuales.
(Cría cuervos y te sacaran los ojos)

El globo oftálmico del poseedor torna obeso el bruto vacuno.
(El ojo del amo, engorda el ganado)

Quien a ubérrima conífera se adosa, óptima umbría le entolda.
(El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija)

A equino objeto de un obsequio, no se le aquilatan las piezas odontoblásticas.
(A caballo regalado, no se le mira los dientes)

El rumiante cérvido propende al accidente orográfico.
(La cabra tira al monte)

Las exequias con candeal son más tolerables.
(Las penas con pan son menos)

No existe adversidad que por sinecura no se trueque.
(No hay mal, que por bien no venga)

La ausencia absoluta de percepción visual torna insensible al órgano cardíaco.
(Ojos que no ven, corazón que no siente) jajaja es buenisimo!!!!

Al andar maltrecho aplicarle premura.
(Al mal paso, darle prisa)

Cavidad gástrica satisfecha............Víscera cardíaca eufórica....
(Barriga llena, corazón contento)

Existe un felino en cautiverio.
(Aquí hay gato encerrado)

lunes, 12 de marzo de 2012

Una crisis más que económica...

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de excelencia la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado, celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la a hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
(Como me lo mandaron os lo mando).