lunes, 9 de enero de 2012

del "bibe" al botellón

Un buen día, aprovechando las vacaciones, la mamá al volante conduce a toda la familia por la carretera de Valencia en busca de la playa. De repente, a la altura de Arganda, vigilando al tres ejes que viene detrás, descubre en el retrovisor a su hijo sentado en el asiento trasero. No hace tanto, "nuestras horas son minutos...", iba en su sillita homologada dándole alternativamente al “bibe” y al chupete y, con los ojos como platos, descubriendo el paisaje. La mamá sonreía y el papá no cesaba de lanzarle lecciones de dicción: “Agua”, decía el padre y, como si el eco le devolviese distorsionada su voz, repetía el nene: “Aba”. Así kilómetros y kilómetros que, “bibe” a “bibe”, le hicieron saltar de la sillita y ahora va, como manda la ley –pero sobre todo las multas- sujeto por el cinturón de seguridad. La mamá se sorprende cada vez que mira al espejo, pues en lugar del “bibe”, su retoño quema millas dándole a una consola última generación – alguien se la habrá comprado-, luce algo de pelusa en el bigotillo y marca pelo en cresta según la moda. Reconoce a ese bebé que ya no es, y se “auto-inculpa” por lo que debió ser. Porque además de la consola, la cresta en el pelo y los pies encima del asiento, el chaval lleva en su mochila personal siete “cates” como siete soles. Siete de diez, el 70%. Y eso que hasta ahora había aprobado todo. ¡ Qué extraño! Algo falla, piensa, y se vanagloria de haber echado una buena bronca a ese profesor que, tan desocupado estaba, no cesó durante todo el curso de preocuparse por él, bien dándole cariño, bien corrigiendo su actitud, que tanto vale lo uno como lo otro. ¿Pero quién se ha creído que es para interesarse tanto por mi hijo? Con ganas se queda de dar la vuelta a la altura de Tarancón para decirle otras “cuatro” cosas. Le mira una y otra vez, con la excusa de vigilar al camión, y trata de averiguar qué ha pasado el último curso- como si no existiera espacio entre el “bibe” y la consola- para semejante fracaso. Porque, ¡no creo que sea tan grave que salga todas las tardes con los amigos - los sábados de botellón-, no respete las normas que “no” hay en casa, no duerma las horas suficientes, no desayune la mitad de los días, no tenga ni idea de cómo estudiar y para qué va a ir a esas plomizas charlas donde se enseña, no haga las tareas y nadie en casa sabe si las hace o no, no atienda en clase y no deje atender a los demás, no cuide sus cosas, no...!, ¡No creo que sea tan importante, señor profesor! Menos mal que para eso estamos los padres- el padre cabecea en el asiento del copiloto, ajeno a cuanto ocurre a su alrededor sin ser consciente de que su hijo hace tiempo que perdió el “bibe”- y le llevamos a la playa contra su voluntad ; pero hay que enseñarle a sacrificarse, y ¡ bien le vendrán unos días sin hacer nada para olvidarse de ese colegio donde no aprende nada bueno!¡Y a fe que lo vamos a conseguir! Y el próximo curso, antes de nada, le diré cuatro cosas a ese impresentable para que sepa cómo ha de tratar a mi hijo y así evitar el fracaso escolar, que solo es culpa de ese imbécil y, sobre todo, de Zapatero. ....(1 de septiembre, dos meses después) EL profesor se acerca a un taller mecánico que, ¡oh, sorpresa!, regentan los padres de la criatura; él como jefe de empresa y ella como administradora. Sin encomendarse a nadie, se acerca a la señora y le espeta: ¡Vengo a cambiar las ruedas delanteras, así es que más vale que me las dejen bien equilibradas y con la presión exacta. Para ello, les informo de que deben situar el coche en el elevador, aflojar los tornillos con la llave del 14, sacar los neumáticos viejos....!Cuando ha soltado su perorata, en los dos segundos que aprovecha para coger aire, le advierten a dúo:¡ A ver si va decirnos usted como tenemos que hacer nuestro trabajo!

domingo, 8 de enero de 2012

escuela pública

maestrsos indignados vs maestros resignados

Desgraciadamente es así, el índice de fracaso escolar se mantiene e incluso aumenta. Y estoy de acuerdo en que debemos tomarnos en serio las propuestas de mejora, eso que se pone al final de las memorias pero que no siempre se retoma en el curso siguiente.
Hace tiempo que venimos exigiendo un cambio, que todos considereamos muy necesario, en el sistema. Y en ello estamos desde hace, ya, décadas, y ningún gobierno ha sido capaz de proponer y poner en práctica algo interesante. Nada nos hace presumir que esta dinámica de gobierno nuevo/ley de educación nueva/todo sigue igual, vaya cambiar en breve. Y menos, si todo lo que se nos ocurre es pelearnos por decidir quien tiene menos culpa.
Soy más partidario, sin embargo, en los cambios desde la base. Porque si esperamos a que la clase política solucione el problema educativo- otra cosa es que sea su competencia-, ¡vamos listos!
He insistido mucho en ello, y sobre ello vuelvo: el cambio ha de nacer en el aula, en mi aula, y de ahí en el claustro de profesores, en el consejo escolar...
Pero, ¡Houston, tenemos un problema! ¡A ver qué profesor, que no llega al centro a la hora, que está aquí porque tiene que haber de todo, que " a mí que me dejen vivir", " a mí que no me compliquen con papeleos". " a mí que...", tiene después agallas para exigir al jefe de estudios o al director! Y quienes cumplen, a ver dónde encuentran apoyo para intentar algo de algo en su centro.
Porque abundan los profesores acomodados, resignados, críticos en los blogs y en la barra del bar; pero en el claustro hay unos silencios que se cortan cuando se hacen propuestas o protestas; porque " a ver si voy a ser yo el malo de la película y sacarle las castañas del fuego al compañero", "si los interinos, o los provisionales, o los itinerantes o los de compensatoria,... tienen un problema, que se lo solucionen ellos solitos; yo no voy a hacer huelga por ellos...".
En todo el tiempo que llevo en la enseñanza he conocido pocos profesores verdaderamente indignados, no acomodados, con ganas de mejorar su pequeña parcela y, a partir de ahí, darle una mano de pintura al centro o al claustro o al consejo...Y si, cuando estos pocos indignados se dejan oir en una reunión, el resto calla- pero no otorga-, estamos haciendo un pan con dos tortas. ¿Cómo vamos a cambiar la educación si somos incapaces de cambiar algo mínimo en nuestro entorno? Si no somos capaces de criticar lo que se hace mal, por miedo a que nos contesten con el "Y tú más", no hay manera de avanzar.
Pertenecemos a un cuerpo muy heterogéneo, muy dividido y apático por demás. No hacemos nuestros los problemas de los compañeros: "bastante tengo yo con lo mío"...No nos hemos hecho valer, por esas razones, como cuerpo, a diferencia de los médicos o los abogados. En esto tienen mucho que ver los sindicatos y el papel que, no nos engañemos, todos les hemos dado.
En fin, es un cúmulo de errores que pasan, en todo caso, por cambiar los chips individuales y estar comprometidos con lo que hacemos. Se llega a ser mecánico o frutero por diferentes razones; a ser profesor solo por una: podrías dedicarte a muchas otras tareas, todas mejor remuneradas y con mejor horario, pero prefieres dedicarte a la educación. Y si no, como pasa cada vez más, estás fuera de lugar y por tanto, tu objetivo es acomodarte, resignarte y "ahí me las den todas", que tengo dos meses de vacaciones. ¡Y así nos va!
Los que nos dedicamos a lo que siempre habíamos deseado, no contamos las horas que faltan para el fin de semana o los días para vacaciones, porque tenemos la suerte de estar donde siempre quisimos y, ¡no es lo mismo estar trabajando que de vacaciones!, pero tampoco se está mal. Y eso con todos los problemas y sinsabores que uno se encuentra al cabo del día, que te dejan cara de ogro. Lo que no impide volver al centro al dia sigueinte con el mismo ánimo y las mismas ganas de cambiar, no el mundo, pero sí tu aula. ¡Que no es poco!

viernes, 6 de enero de 2012

Las cinco revoluciones: la educación

soy profesor

Soy profesor/a sin miedos y sin complejos


Soy profesor/a, y me honro de serlo y me enorgullezco de mi profesión. Sí, tengo dos meses de vacaciones y un horario de docencia directa bastante denso.

Soy profesor/a, trabajo en el aula y fuera de ella y la gente no lo sabe y a mí no me importa.

Sí señores, soy profesor/a, con oposición, pertenezco al cuerpo de funcionarios.

Soy profesor/a y no discuto los días de descanso de los bomberos, ni los de los funcionarios de prisiones.

Soy profesor/a y cuando voy al médico no le discuto su diagnóstico, sólo espero que me cure.

Soy profesor/a y cuando voy a mi abogado no le discuto de leyes, sólo espero que me defienda.

Soy profesor/a y cuando voy por la autovía, conduzco con confianza porque sé que la diseñó un ingeniero de caminos.

Soy profesor/a y vivo en una casa tranquila, la casa que proyectó en su día un arquitecto.

Y ustedes ¿quiénes son? ¿Por qué se atreven a decir que trabajo poco y mal?

Soy profesor/a y enseño cada día el camino a seguir para conseguir las competencias de una profesión.

Soy profesor/a y recojo cada curso a un montón de chavales de los que aprendo tanto como ellos de mí.

Y ustedes ¿quiénes son? ¿Por qué se atreven a decir que trabajo poco y mal?

Soy profesor/a y trabajo cada día con personas sensibles y frágiles porque aún no han alcanzado la madurez.

Soy profesor/a e intento inculcar trabajo, esfuerzo y dignidad para alcanzar el éxito personal.

Y ustedes ¿quiénes son? ¿Por qué se atreven a decir que trabajo poco y mal?

Me bajan el sueldo, me suben las horas de trabajo, me incrementan los alumnos en el aula…YO SÉ QUIÉN SOY

Pero… ustedes ¿quiénes creen que son?