sábado, 8 de junio de 2013

Otra de gambassss....

"El Ayuntamiento de Valencia ha aprobado este viernes una moción para iniciar los trámites tendentes a la declaración del Santo Cáliz obrante en la ciudad como Patrimonio de la Humanidad."
Verdaderamente se nos está yendo la pinza para no volver jamás.Si no fuera por la que está cayendo en este país, deberíamos dedicar una rotonda a cada uno de nuestros políticos; a los imputados dos.
¿Será una revelación en hora de siesta? ¿Será una ocurrencia más para desviar la atención de la incapacidad de los mandamases para gestionar lo público? ¿O será una nueva operación de márketing, como aquello del Camino de Santiago -debería ser materia obligada en los estudios de publicidad-, o las fiestas varias que la iglesia se ha apropiado?
Así mismo, me pregunto si "esto" formará parte de los contenidos que la iglesia y la derecha española proponen para mejorar nuestra educación.
Antes de iniciar un solo trámite en ese sentido, deberían exigir a los políticos ocurrentes - además de un mínimo de prudencia-, la lectura de los Santos Evangelios; no vaya a ser que, como Pablo de Tarso, caigan del caballo cuando conozcan los Santos Griales que en el mundo son. Claro que, lo que no se les cae es la cara de vergüenza repartiendo cálices a diestro y siniestro, o "lignum crucis" de la ´Vera Cruz" que dan para un camión de cruces.
¿Pero cómo van a gestionar bien nuestros recursos si dedican la mitad de su vida a defenderse de sus fechorías y la otra a este tipo de lindezas?
A veces pienso que nos va mucho mejor de lo que sería posible si estas mentes se dedicasen de verdad a la política. Mi fe, o su ausencia, no me permite dedicar un solo segundo al Santo Grial, pero estoy convencido de que algún ángel de la guarda debe de haber para que no hayamos involucionado al paleolítio infertior. Estamos a tiempo.
                                                                                                                                                             Javier S. Sánchez

lunes, 3 de junio de 2013

Tolerancia

            Tolerancia: Respeto o consideración hacia las opiniones y prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

            De forma inmensa e intencionadamente sesgada, algunos voceros se están empeñando en convertirse en adalides de la tolerancia; y aún más, se atreven a repartirla a su conveniencia como mercaderes de tan alta virtud cual si la hubieran heredado en su ADN.

            Es intolerante manifestarse; criticar a un gobierno que ha admitido no tener remedio a tantos males que nos aquejan, por cuanto nos encomienda a la Virgen del Rocío en asuntos laborales, considera “movilidad exterior” la emigración de jóvenes e incumple una tras otra sus promesas electorales. A esto, a expresarse libremente, a criticar una Ley de Educación que nace con fecha de caducidad- como las siete anteriores-, a censurar la privatización de la sanidad,  a señalar a un ejecutivo que lejos de aportar ideas y presentar soluciones a nuestros problemas nos pide paciencia; a esto lo llaman intolerancia.

            Se supone que, según estos adalides de la tolerancia, pensionistas, estudiantes, profesores, mineros,…más de seis millones de parados, muchos de ellos sin ningún tipo de prestación, deben tener paciencia; como deben tenerla quienes han sido “desahuciados” – palabra prohibida-, de sus casas o quienes han perdido sus ahorros. Debemos tener paciencia y perder derechos adquiridos durante décadas, tener paciencia y perder poder adquisitivo, tener paciencia y ver cómo la justicia ejerce su lentitud, se aplican indultos a capricho, se otorgan trabajos bien remunerados a asesores nombrados a dedo o se contrata a personal sin considerar los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad.

            Somos intolerantes si criticamos a quien sostiene que “las mujeres en mayor medida abocadas al aborto en nuestro país son las de menor formación”. La tolerancia debe ser – recordando peores tiempos- tener la posibilidad de abortar a capricho en otro país, saltándose así a la torera nuestras leyes.

            A esto se le llama “intolerancia”, “acoso” y “descalificación”. Descalificación es, concretamente, tachar a la nueva Ley de Educación de “segregadora”, “clasista”, “retrógada”… Quienes esto afirman,  probablemente no tengan un familiar que mañana mismo abandonará su carrera universitaria por no poder pagar las tasas. Posiblemente desconozcan que esta “contrarreforma educativa” viene precedida de un anteproyecto que carece de memoria económica; se eliminan los contenidos de Educación para la Ciudadanía; se mantiene la religión como oferta obligatoria para los centros educativos al tiempo que se obliga a cursar otra materia al alumnado que no opte por esta materia- ¿qué delito han cometido como para tener que ocupar sus horas porque sus compañeros - libremente- deseen estudiar religión?

            Y sí, una ley segregadora y clasista, en cuanto clasifica al alumnado a los 11 o 12 años si no alcanza los objetivos de 1º de la ESO. Y tres nuevas vías, en las que el alumnado debe optar por itinerarios cerrados: en 2º de la ESO, 3º de la ESO y 2º de Bachillerato. La segregación, de ahí el calificativo, del alumnado en función de su sexo nos acerca al siguiente adjetivo.

            Sí, retrógrada, pues si antes de ponerse en práctica ya se ha cargado sobre los hombros del profesorado la culpa de esta mal llamada “crisis”, con la nueva ley empeorarán – aún más- sus condiciones laborales. Si a esto añadimos el papel que se quiere dar a los directores, más propio de una red empresarial que de un centro público, y la posibilidad de trasladar de forma forzosa a los docentes, bien merecido tiene este calificativo de retrógrada.

            La supresión de asignaturas, e incluso el Bachillerato de Artes Escénicas Música y Danza, es otra de las ocurrencias de los padres de la nueva ley.

            Pero no, oiga; no proteste, no se manifieste, sea complaciente, sea sumiso, obediente, disciplinado, resignado, dócil. Porque, en otro caso, pueden tacharle de intolerante.

¿Y tú me lo preguntas? Como para ir por la vida dando lecciones.
                                                                                                                  Javier S. Sánchez
                                                                                                                  Diario de Ávila
 
 

 

 

domingo, 19 de mayo de 2013

Más religión, más trabajo.

Tiene razón el Ministro Wert en que el objetivo de esta nueva Ley es crear empleo. Al dar más valor a la religión apoya la tesis de la Ministra de Trabajo, quien se encomienda a la Virgen del Rocío para acabar con el paro. Colabora en esta tarea la TV pública, donde se emiten reportajes que aconsejan rezar a los desempleados.

sábado, 18 de mayo de 2013

Educación: más de lo mismo, pero peor.


           
Desde la Ley General de Educación (1970) de Villar Palasí, en los estertores de la dictadura, hasta el día de hoy contamos ocho Leyes de Educación. Esta retahíla de reglamentos, decretos, normas y disposiciones, suman un cúmulo de despropósitos imposible de imaginar por el hombre del Paleolítico inferior. La sucesión de incongruencias y ocurrencias ha derivado, año tras año, en unos niveles educativos más propios de un país en vías de desarrollo, siendo generosos.

             La obsesión de cada partido que llega al poder por crear una nueva Ley produce tal desconcierto en la Comunidad Escolar que, cuando aún no hemos pasado a limpio programas y proyectos, nos vemos afilando los lápices para ponernos al día con la nueva bufonada que nos regala una mayoría que se siente con derecho a todo.

             No, no pierden el tiempo en evaluarse a sí mismos, en desgranar la inconmensurable sucesión de incoherencias que han llevado este país a unas cotas de paro y pérdida de derechos sociales inimaginables. No, prefieren aventurarse en hazañas que les son ajenas, encomendándose a la iglesia católica y algunos sectores que añoran tiempos pasados que sí, fueron mejores, pero por pasados.

             ¿Cómo es posible que se sientan tan lúcidos como para elaborar una Ley de Educación en apenas unos meses? ¿Acaso dan por supuesto que ya nace con fecha de caducidad como todas las anteriores? ¿Por qué, si el ámbito educativo les es ajeno, no consultan a maestros, profesores, pedagogos, expertos? ¿Qué sector de la Comunidad Escolar es partidaria de una Ley segregadora, sectaria, clasista y desfasada? ¿Por qué ha de pedírsele, particularmente, a la iglesia católica su opinión en cuanto a educación, sanidad o programación de la televisión pública? ¿Puede la iglesia condicionar con una materia sectaria el futuro académico y profesional de nuestros jóvenes? ¿Puede la iglesia obligar a quienes no deseen cursar su doctrina a recibir otra asignatura para compensar el horario? ¿No sería más justo que ese adoctrinamiento se ejerciera fuera del horario escolar? ¿O tienen miedo de quedarse sin clientela? Si tanto presumen del porcentaje de alumnos que eligen la religión como materia optativa, por qué no se ponen a prueba impartiéndola al acabar la jornada escolar? No, no lo harán. ¿Por qué, en el colmo de la desfachatez, seguimos pagando con dinero público a un profesorado cada vez más protegido y que no ha superado una oposición como el resto de compañeros, atendiendo a los principios de igualdad y méritos?

             Una Ley de Educación creada desde los despachos, a años luz de la realidad de las aulas, nace muerta; un nuevo fiasco- y van ocho- del que nadie les pedirá cuentas cuando el fracaso escolar, el absentismo y el abandono  del profesorado  a su suerte, sigan escalando cuotas de vergüenza. ¿Acaso alguno de los Ministros de Educación, padres de Leyes que ahondaron en estos males, ha tenido la deferencia de salir a pedirnos perdón? No, y no lo harán.

             Como mucho, en alguna ocasión se han dignado en pedir opinión a “nuestros” representantes sindicales, especie protegida que abandona la escuela en ocasiones durante décadas, y a quienes la realidad educativa les sonará a música celestial.

             Déjense de zarandajas, visiten las aulas, sean conscientes de la falta de recursos personales y materiales, analicen con seriedad y objetividad la situación de nuestro sistema educativo y pónganse a trabajar con rigor y disciplina. Dejen de frivolizar con lo que debiera ser la madre de todas las reformas y el futuro de un país: la educación. Flaco favor están haciendo con estas ocurrencias, minusvalorando al profesorado, no dotándole de la autoridad que merece y haciéndole pagar la gran estafa – que no “crisis”- en la que nos han sumido unos gobernantes que no están a la altura de la ciudadanía, al punto de convertirse en uno de los principales problemas.

             Eviten la implantación de esta nueva Ley, siéntense representantes de todos los partidos- aquellos que sepan algo de algo de educación-, déjense asesorar por los excelentes pedagogos que disponemos, pregunten al maestro a pie de aula, reorganicen de una santa vez el deslavazado mapa escolar. Tómense el tiempo que necesiten para alcanzar un consenso, propongan una Ley de Educación coherente, que realmente esté dirigida a sacarnos de este averno en el que gobiernos de uno y otro color nos han sumido, y, como estado aconfesional, dejen al margen las opiniones sectarias. Cuando hayan alcanzado ese consenso, emitan una memoria económica detallada que posibilite su desarrollo. Y alcanzado ese punto, déjennos trabajar con la seguridad de que en décadas nadie vendrá a importunarnos con “competencias básicas”, “ciudadanías y valores”, “religiones”, “procesos de enseñanza/aprendizaje”,…

             Y si no son capaces de hacer algo mejor, al menos no lo empeoren. Nosotros les seguiremos pagando suculentos sueldos a sus señorías y a sus múltiples asesores. Pero…
 

            ¡Por favor, déjennos trabajar y dejen trabajar al alumnado!

 

           

Javier Sánchez Sánchez

domingo, 5 de mayo de 2013

Bocetos de voceros

Antes me causaban admiración, ahora perplejidad y náuseas. Llegados al punto de mirar con la misma incredulidad que vergüenza ajena a quienes tratan de vendernos lo negro por blanco, asistimos al concierto de palmeros que, además de participar de la teatralidad de los líderes de su equipo, se transforman en bocetos de sí mismos para ser altavoces de aquellos.


Su táctica, que no estrategia- requiere más cuidado-, es repetir los mantras de unos tótems que día tras día ejercen de bustos parlantes, quienes, con una frialdad que asustaría a los propios esquimales, repiten machaconamente su mentira al objeto de convertirla en verdad.

Estos bocetos, estos voceros, en algunos casos llegan a superarlos, pues no se conoce límite a su obstinación ni a su fanatismo.

Resulta que tenemos que admitir que un partido que se presenta a las elecciones con un programa, blanco sobre negro, no cumpla ni una de sus promesas. Y lo dicen sin inmutarse, sin hacer un solo gesto, como si la naturalidad y la artificialidad, piedra filosofal mediante, fueran una sola cosa.

El cacique de turno, con esa misma naturalidad-artificialidad, nos explicaba: “es que si no hubieran hecho esas promesas que sabían que iban a incumplir, no hubieran salido elegidos”. Y se quedó, como dicen en mi pueblo, tan “oreao”.

Supongo que, por el mismo razonamiento, asumirán que una campaña electoral de millonarios gastos deba tener lugar, aún cuando ya se da por supuesto que nada de lo que se nos dice tiene valor alguno.

¿A qué culpar, entonces, a la herencia, a la herencia de la herencia y al propio Viriato? ¿No tendrían en su día, por tanto, el mismo derecho a “las promesas están para incumplirlas”, a “puedo decir lo que me venga en gana porque haré lo que me parezca”? ¿Es que no se les puede pedir responsabilidades a unos y otros cuando se han ofrecido voluntariamente a servir a los demás? ¿Qué le queda a un ciudadano si otro ciudadano como él defiende que la mentira ha de ser necesaria para gobernar? Asumiendo estas premisas no resta más que el silencio: el silencio de la mordaza, el silencio del miedo, el silencio del tibio que, acomodado en su indiferencia, espera que vengan otros con más “mentiras necesarias” y “más incumplimientos justificados”.

La proliferación del eufemismo ha venido a encenagar sobremanera este escenario donde nada es lo que es y abarca todo tipo de farsa porque, oiga: “Y tú más”. Como si la argumentación pudiera basarse en esas tres palabras. ¿Podría alguien, imputado por un delito, presentarse ante el juez diciendo: “Mire, señor juez, Jack “El destripador” era peor, y Hitler, y Franco…” El juez replicaría: “¿Y qué?”

Responda cada uno de sus palabras, acciones y omisiones; dejen de ampararse en las del vecino, que ya responderá por las suyas. Dejen de perder el tiempo en buscar perífrasis y circunloquios para tratar de explicar lo inexplicable. Trabajen, como en su día prometieron, por el bien de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Busquen y encuentren medidas, asesores tienen que podrán aconsejarles, si solos no pueden, para salir de este pozo sin fondo en que nos encontramos, precisamente, por sus malas gestiones. No podemos aceptar que la solución se convierta en uno de los más graves problemas. Y si, como parece, no se consideran capaces de resolver los problemas, los de los demás- los suyos están resueltos-, pongan el intermitente y dejen paso a savia nueva. Alguien habrá en este país que sea capaz de resolver un sudoku de tan baja dificultad: cambio de la ley electoral, separación de poderes, ciudadanos iguales ante la ley, justicia para todos, recuperación de los derechos sociales, protección de los más débiles, sanidad y educación públicas, estado aconfesional. Así de sencillo.