jueves, 19 de mayo de 2011

algo se mueve...

...y ya era hora.


En media Europa se preguntaban qué diablos pasaba en España pues, mientras en otros países los jóvenes salían a la calle, aquí se iban de botellón. El grado de conformismo en frontera con la abulia resultaba insultante. Estábamos contemplando una escena desagradable pero nadie se atrevía a tirar la primera piedra. Imputados, corruptos, paseantes de corbatas a más de seis mil al mes, alcaldes con privilegios de emperadores, políticos con prebendas sin límites, leyes que amparan a quien más tiene y denigran al más débil, pensiones a trescientos, sanidad y educación a la carta para unos pocos y sin recursos dignos para la mayoría; en fin, una retahíla de despropósitos que día a día contemplamos como si no fuera con nosotros.
Alguien, libre de pecado, descubrió que la playa esta vez se encuentra bajo los adoquines de la Puerta del Sol. Y, como era de esperar, en cantidad de miles, se han ido sumando personas anónimas con poco en común seguramente; pero ese poco, tan evidente y tan común les permite, cuando menos, abrir un debate. Y eso ya es mucho. Teníamos que sentarnos a hablar, parar el mundo, ver la escena a cámara lenta para desentrañar cada uno de sus fotogramas.
Nos hemos encontrado con nosotros mismos, palmeros en mayoría de un bipartidismo al que nos debemos más por miedo que por convicción. Lo que no tiene sentido, como no lo tiene ser antimadridista o antibarcelonista. Se ha abierto un nuevo discurso frente a las prédicas, tan sosas como repetitivas, de los líderes políticos, ufanados en conseguir el voto del señor Cayo a cualquier precio, sabiendo que eso les asegura mantener las posaderas en el sillón de diseño que compraron con nuestros euros, al menos, durante cuatro años más.
Políticos, mercado, capitalismo, financiación, autofinanciación, listas abiertas, salario mínimo, salario máximo,...son términos que navegaban por la red sin rumbo preciso y ahora escuchamos de viva voz. Ese es el paso fundamental. Porque un millón de personas gritando detrás de la pantalla de su ordenador no son nadie, pero varios miles de personas debatiendo, organizándose en el centro de Madrid, es un símbolo que va más allá de la rabieta a que estábamos acostumbrados.
Nos ampara la libertad, el derecho a quejarnos por tantos despropósitos como sufrimos, desde el ver cómo hay listas que acogen a imputados por la justicia, hasta delitos que prescriben y nos dejan cara de memos mientras se ríen en nuestra cara. Nos ampara el derecho a decir que estamos hartos de ver cómo hay caras que se perpetúan en el cargo y ya forman parte del paisaje, de padecer la endogamia en tantas instituciones. Tenemos el derecho y la obligación de decirles a los políticos que son ellos quienes están a nuestro servicio, y no al contrario, como pretenden hacernos creer.
Una acción de protesta, legítima, que todos recibimos con entusiasmo. Todos menos la derecha; y quizás ese es el dato, la clave, la certeza de que estamos en el camino correcto.