domingo, 27 de febrero de 2011

...y tú más, claro.

Lógicamente, yerra más quien más flechas lanza. Ahora bien, ¿es más certero el arquero que permanece bajo el árbol, a la sombra, viendo como su adversario unas las clava y otras no?
Ahora va a resultar que es peor quien, por mayoría de votos de los ciudadanos, ha gobernado la mayor parte del tiempo que llevamos en democracia. ¿No es una incongruencia? ¿No es propio de demagogos?
Va a ser por eso que nos dedicamos a hablar y no hacemos nada por salir de tan trágica situación, esperando que vengan otros, no se sabe quién, a librarnos de las garras de los “logsianos”, “pedabobos” y “pederastas”. Y ellos, los que a veces aciertan, a veces fallan, son los culpables y no nosotros que estamos comiendo la sopa boba y criticando todo lo que pasa ante nuestras narices por nauseabundo que sea y sin intención de apartarlo.
No puedo aceptar el tan manido, o manoseado “Y tú más” como argumento. Por desgracia nuestros políticos se superan cada día, colores aparte. No me atrevería a decir quién es más. Si acaso hubiera una vara de medir esa sería el resultado de las urnas, a menos que pretendamos erigirnos en poseedores de la verdad absoluta y desestimar al resto de ciudadadanos que no piensan como nosotros. ¿Eso es demagogia o prepotencia? Y eso que, me apuesto un euro, a que siendo una persona imputada la pretendiente a la Presidencia de Valencia, será elegida por mayoría. Es lo que tiene la democracia. Claro, siempre que, ¡vaya suerte!, hayas cometido uno o varios delitos y, por arte de birlibirloque, te levantas una mañana y han prescrito. ¡No es para aplaudir con las orejas!
Ya ven, así son las transferencias y así se las hemos contado. Y, casualmente, la educación está transferida a las Comunidades Autónomas y algo tendrán que decir estas sobre conciertos (no de música), sobre separación de niños y niñas, sobre penosas condiciones de trabajo y otras deficiencias.
Nuestros políticos tienen una responsabildad, unos por gobernar y otros por “fiscalizar” ese gobierno desde la oposición. No creo que se pueda alabar al arquero que plácidamente toma la sombra esperando ver pasar el cadáver de su enemigo. Más que nada porque, como suele pasar, acaba viendo pasar el suyo en innumerables ocasiones. De ahí que hayamos asistido a tantos apocalipsis, “¡ya lo dije yo!”, profetizados por quien mira la vida pasar, en este caso la muerte, aventurando si el arquero hará diana con la próxima flecha. Eso sí, a 240.000 la tirada, ¡ahí me las den todas! En realidad ¿Será por eso que tampoco hacen mucho por gobernar, lo que les ataría a un único sueldo? ¡Va a ser eso!

Comentarios

Profesor girafales dijo...
Estoy de acuerdo contigo. Además, pienso que buena parte de culpa de la falta de calidad de nuestra clase política, de la existencia de la cultura del pelotazo... lo tiene nuestro actual sistema electoral, proveniente de una época en la que sí hacía falta más estabilidad, pero hoy en día lo que propicia es el bipartidismo y la representación territorial, desechando otras opciones políticas. Si tuvieran más competencia, como en la vida misma, deberían esforzarse en formarse más y actuar mejor, más éticamente. ¿Para qué van a reformar el sistema o ciertas leyes si saben que tarde o temprano volverán al poder? Lo saben tanto unos como otros.
domingo, 27 febrero, 2011

sábado, 19 de febrero de 2011

hay vida fuera

(Comentario en Deseducativos)
A pesar de que la red está llena de blogueros que apoyan estas premisas, agradezco que alguien, alguien más, coincida en mi visión de la educación en este foro.
Más de una vez he criticado esa enseñanza tradicional que, en pleno siglo XXI, insiste en mantener al profesor como único protagonista, dejando al alumno a su suerte. Claro que con esfuerzo y disciplina puede conseguir lo que quiera, por muy plomiza que sea la exposición del maestro. ¿Pero por qué tiene que soportar eso si se puede evitar?
No gusta leer que el protagonista es el alumno, quien en definitiva es el beneficiado o el perjudicado en esta historia. Y siendo eso así, cabe pensar que ya no vale aquello de meter contenidos en la cabeza del discente y que este, posteriormente, lo plasme con rigurosa precisión en un papel. No sabemos si esa prueba es suficiente para mostrar algo más que la posesión de una prodigiosa memoria, ni si esta actúa a corto o largo plazo, en cuyo caso, si el fin es el aprobado, habremos sembrado en terreno baldío.
¿Cómo, entonces, conocer si los contenidos, además de entendidos han sido asimilados? Evidenciándolo mediante la práctica, experimentando.
Un futuro médico puede saberse el vademécum de memoria pero, ¿qué le aporta eso sino el evitar perder unos segundos en su consulta? ¿de qué le sirve que alguien le predique bondades sobre la cirugía si no ha tenido oportunidad de practicar por sí mismo?
¿Se puede hacer un postgrado sin tomar un solo apunte? Sí, yo lo he hecho. Claro, que para eso hay que estar dispuesto a abrir un poquito la mente y creer que hay vida más allá de la enseñanza tradicional. ¿Cuál es, entonces, el procedimiento? Lo dicho, experimentar y vivenciar al tiempo que se aprende, algo para lo que nuestra escuela aún no está preparada porque esas palabras suenan lejanas o peor, casi agresivas, basadas en “ideología progre”, ideada por “psicopedabobos”, que nos sitúan en el “fascismo”, bajo la presión “inquisitorial”, sometidos a las peores de las torturas. Esto, solo por mostrar algunas de las perlas que, quienes carecen de argumentos, dedican a quienes, ¿qué delito cometemos?, creemos en una educación no estancada en modelos tradicionales. Y por supuesto evitando expresiones como “empatizar con el alumno”, tan defendida en la inmensa mayoría de los foros educativos pero que aquí nos ha valido el calificativo de “pederasta”. En fin, poco se puede avanzar si todo lo que se arguye es descalificar e insultar a quien aporta algo más que la eterna cantinela de que los malos siempre son los demás.
Como bien dices, hay que adaptar la educación a los tiempos y a las nuevas necesidades demandadas; lejos de las del siglo pasado, que en su momento sí podrían tener sentido, pero eso no es argumento para mantenerlas por los siglos. El hombre de las cavernas estaba feliz allí dentro, lejos de peligros y protegido de las inclemencias meteorológicas. Menos mal que un día decidió salir a tomar el aire, abrir su mente y arriesgarse a sobrevivir en otros medios. ¡Y no le salió gratis, pero valió la pena! Lo mismo que aquel loco que se atrevió a mirar un poco más allá de Finisterre, o el otro que se enfrentó a la iglesia con la ciencia en la mano.
Hay vida más allá de la caverna pero, para descubrirla, hay que estar dispuesto a reconocer que nadie está en posesión de la verdad absoluta y, menos aún, atacar a quien aporta su verdad relativa por sorprendente que parezca.
“Involúcrame y lo aprenderé”. Esa es la clave.
Saludos.

Comentarios
Fernando dijo...
Muy buena reflexión Javi, totalmente de acuerdo contigo, hay que involucrarlos y despertar su interés. Somos la generación con más medios y estamos muy preparados, podemos hacerlo, sólo hay que querer

Raquel Vadillo Sierra dijo...
Tú lo has dicho. ;-)

miércoles, 16 de febrero de 2011

de Madrid al cielo

Se ha hecho el sueco Alberto Gallardón
y sueca se ha hecho doña Ana Botella:
ella le apoya a él y él a ella
en esto de la contaminación.

Rebosa de basura y polución
el cielo de Madrid; por los motores
y el humo de sufridos fumadores
Revilla queda sin respiración.

Para redondear esta faena
Aguirre la tomó con Aguilar.
¡Ese debe de ser su gran desvelo!

¡Qué llueva! le piden a la Almudena
pues no les queda otra que rezar
o harán cierto lo “de Madrid al cielo”.

(Aquí al lado tienes el enlace para leer más "sonetos breves").



sábado, 12 de febrero de 2011

la noticia de la semana

La situación es tensa. Numerosos periodistas siguen la evolución de los acontecimientos en las proximidades del edificio. Tras varios minutos sin información se producen las primeras conexiones desde los estudios de televisión.
Una voz preocupada le inquiere a uno de los enviados:
- Compañero, ¿podrías darnos información de última hora sobre lo que ocurre?
- Bien, nos encontramos rodeados de una nube de medios informativos. Los compañeros gráficos no cesan en codearse para obtener las primeras imágenes.
- ¿Podríamos hablar de normalidad en estos momentos?
- Más bien existe una calma tensa mientras esperamos declaraciones. Dentro del edificio hay mucha gente que busca una solución a esta crisis.
- ¿Cómo crees que se resolverá el conflicto?
- Es difícil hacer pronósticos después de tantos años de tirantez entre las partes. En estos momentos esperaremos que alguno de los implicados salga para hacer declaraciones a la prensa y con ello mitigue el estado de nerviosismo de la población.
- Gracias compañero. Permanecemos en directo.
- Por supuesto, en cuanto se produzca alguna noticia interrumpiremos la programación para transmitirla a los ciudadanos.
A la audiencia:
- Ya lo ven, tras las declaraciones del día de ayer se ha abierto la caja de los truenos y nada es ni será como antes. Las espadas están en todo lo alto y cualquier gesto, cualquier declaración, podría cambiar el rumbo de los acontecimientos.
A los tertulianos:
- ¿Consideráis esto una postura adecuada tras las manifestaciones realizadas ayer, teniendo en cuenta que hasta ese momento la relación entre las partes estaba moderada por un respetuoso silencio?
Opinan los tertulianos:
- No alcanzo a comprender cómo no se ha producido ya una reacción, teniendo en cuenta la preocupación existente entre la ciudadanía. Alguien debe dar un paso y ha de ser más pronto que tarde, para evitar males mayores. Ya conocemos cómo han acabado estos escándalos en otras ocasiones.
- Yo personalmente, conociendo el entramado de este asunto, considero que de inmediato se debe llegar a un consenso, sobre todo porque en definitiva este desasosiego acaban pagándolo los más inocentes.
- No veo una salida inmediata a la crisis, sin embargo considero que una intervención exterior facilitaría la reconciliación entre las partes.
Conexión de urgencia con el lugar de los hechos:
- ¡Compañeros, acaba de producirse la noticia! Ha salido del edificio pero no ha querido hacer declaraciones a la prensa; un silencio tenso cubre la atmósfera en este momento. Como pueden ver nuestros espectadores, muestra un aparente nerviosismo. Vamos a intentar acercarnos a él.
Desde el estudio:
- ¡Compañeros, compañeros! Dejamos línea abierta para recoger cualquier declaración. Hemos cambiado la programación para poder atender cualquier circunstancia  que pudiera cambiar la evolución de los hechos. Vemos cómo intentáis entrevistarle y, lo que has dicho antes, la cara de preocupación en su rostro, como no puede ser de otro modo.
- Sí, como podéis ver, ha subido a su vehículo sin hacer ninguna declaración y se abre paso con dificultad entre los numerosos medios y la concurrencia de numerosos ciudadanos que no han querido perderse este momento. Vemos cómo se pierde su imagen en la lejanía mientras esperamos alguna otra noticia de alcance.
- ¡Gracias compañero! Todos hemos podido ver esta escena que quedará en las hemerotecas a disposición del gran público.
Y a ustedes, amigos telespectadores, solamente nos resta desearles un buen fin de semana. Esta ha sido la noticia: el silencio de Jesulín de Ubrique tras las declaraciones de Belén Esteban en el día de ayer. Muchas gracias.

con el culo al aire...

Es otra mis intervenciones en el blog Deseducativos (tenéis el enlace ahí al lado).
Vaya, parece que nos vamos poniendo de acuerdo. Ahora es cuando podemos remitirnos, sin que nos insulten por ello, a aquellos comentarios en que decíamos que de nada sirve pasarse el día entre la palabrería si no se pasa a la acción. También podemos recuperar otros en que apuntábamos que no sirve de nada echar balones fuera, culpar a equipos, a inspectores, a ministros y a leyes si no se da un paso más allá de foros y debates.
Porque si, como algunos dicen, estuviésemos en épocas inquisitoriales, en medio de un gulag, en campos de concentración, vigilados día y noche, sometidos sin remedio, acosados por alumnos y administraciones y no hacemos nada, en algo estamos fallando. O todo es una sarta de barbaridades producto del inconformismo o la bilis, o hay demasiado masoquismo en la profesión.
Si hemos convertido nuestras preocupaciones en una charla de barra de bar y no salimos de ahí, ¿qué esperamos?, ¿que vengan los trabajadores forestales o las costureras a solucionar nuestros problemas?
Pero ¿qué es lo que ocurre cuando alguien intenta dar un paso? Ayer mismo se convocaba una protesta de estudiantes en La Coruña para denunciar los recortes de las administraciones en educación. ¿Cuántos asistieron? Sí, solamente un estudiante, el convocante. Si no fuera por lo trágico del asunto sería para partirse de risa. Pues eso mismo ocurre en nuestra profesión, que cada uno se preocupa de salvar su culo. Si los interinos tienen problemas, ellos se los solucionen; si son los provisionales, tanto de lo mismo; si no se reconocen los sexenios, allá a quien le afecte; si los nuevos compañeros no disponen de Muface, no es mi problema, y así un largo etcétera.
Por tanto, ya no vale culpar al empedrado; nuestros problemas son nuestros y de nadie más, y solo desde esa convicción y de que solo nosotros podemos solucionarlos es factible dar algún paso más allá de sermones más o menos elaborados. ¿Pero cómo avanzar si todos consideramos ser los mejores profesores del mundo y que la razón nos asiste en todo momento?, ¿Cómo intentar un mínimo avance si por decir que es preciso empatizar con el alumnado te llaman pederasta tus propios compañeros?, ¿Qué propuestas puede hacer alguien que no acepta otras opiniones; y no solo eso, sino que responde con insultos y descalificaciones?, ¿Ese es el camino que se propone? ¡Apaga y vámonos!
¿Qué esperan estos adalides, que hagamos como el estudiante gallego? Claro, para que, mientras ellos salvan el tipo, los demás nos quedemos solos y encima nos digan: mira que pardillo, con lo bien que se está aquí al calorcito del sueldo y viendo la vida pasar. Pues eso. Demasiado poco nos pasa.

domingo, 6 de febrero de 2011

el "plus" de ser profesor

El respeto en el ámbito educativo debería suponerse y, por supuesto, de todos hacia todos. Dicho lo cual, en esta profesión hay un aspecto a tener en cuenta que, posiblemente, no sea tan importante en otros trabajos. Si uno se dedica a apretar tornillos en una cadena de fabricación de automóviles, poco importa que jure en hebreo contra la chapa del vehiculo si su trabajo lo hace correctamente. Digamos, que la actitud no importa demasiado, salvo que el trabajo será más o menos gratificante para ese trabajador. Es su problema.
Pero si yo me empeño en explicar ecuaciones o subordinadas a un niño que tiene carencias de cualquier tipo, estaré perdiendo el tiempo. Si en el aula no hay un ambiente adecuado y, por supuesto, disciplina, ya puedo predicar, que caerá como voz en el desierto.
No sé si es cariño, complicidad o ganas de hacer las cosas bien, pero en este trabajo nuestro es necesario estar en la misma tarea profesorado y alumnado. Trabajamos con personas, no con máquinas, y eso es suficiente razón para añadir ese "plus" de implicación que cada uno puede calificar como quiera. Pero vamos, esto no es un descubrimiento, como no lo es el trabajo coordinado, nos guste o no. Hay otras opciones en el mundo laboral, nadie está obligado a ser profesor.

Comentarios
Yolanda dijo...
Qué razón tienes, colega... En nuestro trabajo es fundamental un trato cordial entre profesor y alumno, sin eso es imposible enseñar nada. A veces se establece una complicidad especial con los alumnos, otras hay que hacer casi el pino para conseguir un mínimo de atención. No todos los días son iguales, incluso con el mismo grupo un día estás y están más "inspirados" y otros no hay manera de aprovechar unos minutos. Tenemos que saber cambiar de rumbo sobre la marcha. Si algo no funciona hay que echar mano rápidamente de otro recurso, puede ser un juego, una adivinanza, una leyenda... A ciertas horas es imposible explicar algo importante, ni ellos ni nosotros estamos en condiciones de rendir plenamente a las cuatro de la tarde, por ejemplo. Encaje de bolillos, eso es lo que hacemos...

Un abrazo, colega.
lunes, 07 febrero, 2011
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Gracias, Yolanda.
Al parecer no todo el mundo piensa lo mismo. Tras este comentario, en el blog "Deseducativos", (tienes el enlace ahí al lado), hay una respuesta que...¡mejor míralo tú misma!
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Chari dijo...
No inventamos nada, cuando afirmamos que para que una clase funcione hay un requisito fundamental, el afecto profundo, las normas firmes, el dar a cada alumno su espacio, el respeto mutuo, la empatía profesor-alumno. Todo se traduce en el "amor montessoriano" y en todo lo preconizado por la Escuela Nueva que tanto ha influido en actuales planes educativos. Lo que pasa es que todo eso se suele olvidar y de lo que tratan algunos profesores es triste y meramente de "sobrevivir", escudándose en mil pretextos rebatibles...Cada alumno tiene su chip sensible, pero hay que tener la paciencia, hacer el esfuerzo de encontrarle para acabar conectando finalmente. Todo, entonces se hace más sencillo y la labor educativa, fascinante. La forma de llegar ahí...pues variadas.. alguna de ella ha quedado apuntada anteriormente, el trabajo coordinado, la flexibilidad de las actuaciones en función del momento,... yo aporto una de las más interesantes, a mi modesto entender,(y tantas veces obviada por múltiples motivos): las tutorías tanto a nivel grupal como individual. Es un mecanismo, además de enriquecedor para profesor y alumno, fundamental para funcionar y llenar de sentido nuestro trabajo diario en el aula.

Un saludo.
viernes, 11 febrero, 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

Murcia se mueve

Siempre lo he dicho, el único muro que tenemos que superar los profesores es el que nosotros mismos hemos creado. Es hora de que dejemos de mirar a los demás como causantes de todos nuestros problemas si no estamos dispuestos a defender nuestros derechos, como hacen los compañeros de Murcia.


Los sindicatos, que en este caso he visto más unidos, no parece que sean suficientes para devolvernos todo lo que hemos perdido, y no solo económicamente, que también. De hecho, si pretendemos algo ha de ser por otra vía, pues el sindicalismo no ha demostrado, ni de lejos, ser la piedra filosofal en que confiar los cambios educativos. Demasiado ocupados en la nada, para mi gusto. Demasiado aferrados a la silla. Demasiado cerca de quienes deberían estar criticando y exigiendo implicación en la educación más allá de las campañas electorales. Para que sean “servibles” de verdad, debemos pedirles que se autofinancien, como nos han recordado los alemanes, para no deberse a ningún señor. Quizás después sean una referencia en la que apoyarnos. Mientras tanto, solo queda lo que cada uno buenamente pueda aportar con la mira puesta en un proyecto amplio, que agrupe a cuantos más mejor de todos los colectivos, lejos de los intereses individuales de cada uno de ellos. Y ese es el muro, hasta ahora infranqueable, que tenemos ante nosotros. Todo lo que hemos hecho hasta ahora ha sido lamentarnos ante él. Hora es de que toda la palabrería adquiera sentido. ¿Cómo? Esa es la cuestión.